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> Elkarrizketa: NAJMA AHMED ADBI > "CUANDO ME MUTILARON ME HICIERON SENTIR COMO UNA PRINCESA, LUEGO VINO LA PESADILLA"

  • Najma Ahmed Adbi · Activista somalí contra la mutilación genital femenina
  • «Cuando me mutilaron me hicieron sentir como una princesa, luego vino la pesadilla»
  • Como el 98% de las mujeres somalíes, Najma Ahmed sufre las secuelas físicas y emocionales de la ablación
  • El Diario Vasco, 2007-03-06 # Ane Urdangarin

Su voz dulce y pausada contrasta con la dureza de su relato, un horror que ya dura 20 años y que pone los pelos de punta. «Tengo que vivir el resto de mi vida con eso, así que he decidido intentar que otras niñas no tengan que pasar por lo mismo», cuenta Najma Ahmed Abdi. Esta joven de 27 años que se expresa en un perfecto inglés preside la Youth Leadership Forum, una organización que lucha contra la mutilación genital femenina en Somalia, un país donde la vida de una mujer «no vale nada».


– Tenía 7 años cuando…
– Fui mutilada. Mis padres estaban fuera, y mis familiares lo organizaron todo. Aquello fue una fiesta. Durante un mes me hicieron sentir como una princesa: todo el mundo me regalaba bombones, flores, juguetes etc. No te lo podrías imaginar. En vez de ser algo aterrador y que da miedo, lo convierten en una gran celebración en la que pasas a ser mujer. De hecho, yo fui orgullosa a que me circuncidaran, porque así la comunidad te acepta y eres uno más.


– Y 20 años después, ¿cómo se siente?
– Sufro las consecuencias físicas, emocionales y mentales, que son devastadoras. Es una práctica espantosa que te produce secuelas de por vida. Padezco unos dolores horribles, pero ya no hay nada que los médicos puedan hacer por mí, porque el daño está hecho.


– ¿Cómo son esas secuelas físicas?
– Horribles. Todos los meses tengo que ir al médico para que me recete unos analgésicos especiales, porque los normales son demasiado suaves. Todas las mujeres sufren molestias con la menstruación, pero es que hay días en los que no puedes ni caminar y sólo estás bien tumbada sobre el suelo. Las infecciones son frecuentes, muchas mujeres mutiladas no pueden concebir y los partos son horrorosos.


– ¿Qué porcentaje de mujeres somalíes sufren este horror?
– El 98% de las niñas y jóvenes son sometidas a la mutilación genital, y el 90% en el grado más extremo, porque la escisión no sólo afecta al clítoris, sino también a los labios mayores y menores, por lo que te tienen que suturar y sólo dejan abierto un orificio minúsculo para orinar. La gran mayoría de las mujeres somalíes necesitan 10 minutos para orinar, porque lo hacen gota a gota.


– ¿Y los efectos psicológicos?
– Son tremendos. Me fui a estudiar los últimos años de Bachillerato a Inglaterra y el ambiente que encontré allí fue un shock. Conocí las discotecas, los clubes y cómo los jóvenes de mi edad vivían su sexualidad. Yo tengo 27 año y todavía no he sentido deseo por un hombre, y considero que eso no es justo. Te quitan el derecho a sentir algo por otra persona. No sólo te mutilan físicamente, sino que también cortan tus sentimiento y emociones. Afrontas las relaciones sexuales como una pesadilla, así que evitas el contacto íntimo.


– Hace tres años dejó Inglaterra.
– Sí, cuando finalicé los estudios de Derechos Humanos en la Universidad. En Inglaterra lo tenía todo: médicos, fármacos, ayuda… y no podía parar de pensar en esas mujeres somalíes que están pasando por lo mismo y no tienen nada. Ni siquiera la ley está de su parte. Así que decidí regresar para intentar hacer algo para ayudar a esas mujeres.


– Y por ello cuenta su historia sin tapujos.
– Creo que el silencio es un monstruo y si silenciamos y no contamos lo que pasa, el problema permanecerá escondido. Tengo el privilegio de haber podido salir de mi país y haberme dado cuenta de que en Somalia las mujeres no tienen derechos. La mayoría no saben que pueden decir: «Este es mi cuerpo, por favor, respetadlo». Yo les suelo explicar que, como mujeres, son especiales, perfectas y que es horroroso que te mutilen con una navaja.


– ¿Cómo recibieron este discurso?
– Al principio violentaba a las propias mujeres y he tenido que oír de todo. Me decían que no tenía ni idea de religión. Estamos realizando campañas en las que les explicamos que en el resto del mundo las cosas funcionan de otra forma, que en países musulmanes como Irak o Irán no se practica la mutilación genital, y que si fuera una cuestión religiosa también lo harían. Las somalíes se están dando cuenta de que hay que acabar con esta práctica, y hay mujeres que me vienen llorando y me dicen que se sienten muy mal por haber arruinado la vida de sus hijas, pero que no consentirán que sus nietas pasen por lo mismo. Esto me llena de orgullo.


– ¿Y qué dicen las jóvenes?
– Están muy confusas porque te confiesan que no sienten deseo por ningún hombre y que no son lesbianas, así que creen que no son normales y dudan de su sexualidad. Y no es su culpa. Estamos luchando para que sean independientes, asuman sus propias decisiones y sean capaces de decir a su marido que le dejarán si toca a su hija. Las jóvenes están reconociendo que les han arruinado la vida: no quieren sexo, no quieren tener hijos…


– ¿Y ellos qué dicen?
– Algunos jóvenes se están concienciando. En nuestras charlas les decimos que las niñas somalíes son como mercancía: nacen, las crían, las mutilan y las casan. Son como un producto, así que algunos están asumiendo que, como hombre, no quieren a una mujer que haya pasado por todo eso, sino a una mujer normal.


– ¿Y la gente mayor?
– Cuando empecé con las campañas contra la mutilación genital femenina mi abuela se enfadó mucho porque se sentía culpable de que quizá estuviera enfadada con ella, porque era quien organizó mi circuncisión. Al final tuvimos una charla de mujer a mujer y ahora es mi fan y una de las personas que más me apoya.

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