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  • Compromiso o ridículo
  • No es labor de un Gobierno formar parte de un lobi
  • El Periódico de Catalunya, 2007-11-12 # Pilar Rahola

Me dicen los amigos: “No hagas este artículo”. ¿Están en desacuerdo o temen sus consecuencias? La respuesta me llega sin preguntar: “Criticar una iniciativa gay tiene riesgo”. Y añaden: “Son el lobi de presión más importante que existe, hoy por hoy, en nuestra sociedad, solo comparable al lobi feminista”. Puesto que mis interlocutores son progres de largo pedigrí, y coinciden en mi análisis, la alerta es inquietante. ¿Es cierto que la dura lucha por los derechos del colectivo homosexual ha derivado en un eficaz mecanismo de presión lobista, que incide en la acción política más por “corrección política” que por sensatez?


Algunas decisiones de la Administración hacen pensar que hay algo más que compromiso ético con los derechos homosexuales y que alguna frontera, en los límites del puro ridículo, se ha traspasado. Lo pensé cuando nos apuntamos alegremente a los juegos olímpicos gais, cuya virtud derivaba en un auténtico gueto de los atletas homosexuales, como si la tendencia sexual de alguien definiera al deporte. Me pareció una sandez monumental y recordé lo que me decía siempre un amigo gay: “Nuestra lucha es por la normalidad”. Sin embargo, les montábamos una reserva de indios deportiva, reserva con las que muchísimos gais estuvieron en contra.
Ahora nos llegan dos noticias que van en la misma línea de anormalidad, como si el hecho natural de amar y dormir con quien uno quiera se convirtiera en una línea divisoria del mundo. Ya no somos hombres, mujeres, ciudadanos. Ahora parece que somos homosexuales o heterosexuales, y que esa división marca las decisiones. Creo que hay un abismo entre regular severamente las leyes contra la homofobia y la derivada actual de algunas instancias. La decisión de una fiscalía exclusiva para homosexuales y, especialmente, la decisión de la Generalitat de ingresar en la Internacional Gay y Lesbiana, son la culminación de esta carrera hacia el absurdo.


Primero, porque muchos gais no se sienten representados por esta internacional, ni falta que les hace. Segundo, porque el mundo está lleno de asociaciones civiles que luchan por defender sus derechos. ¿Nos apuntaremos a todas? Y tercero, porque no es labor de un Gobierno formar parte de un lobi de presión, cuyas características, por su propia naturaleza, lo convierten en interlocutor de la Administración, y no en la Administración misma. Además, este tipo de decisiones, por su naturaleza absurda, solo consiguen deseducar a los ciudadanos que todavía no entienden los derechos gais. Desde luego, no tiene nada de pedagógico y mucho de ridículo.


La lucha por los derechos de los homosexuales no pasa por este empacho de corrección política llevada al paroxismo. Pasa precisamente por todo lo contrario: porque la normalidad gay no se vea alterada por los intolerantes, ni por los que, queriendo conseguir alguna medalla al mérito progre, los convierte en un colectivo al margen, guetizado, sobreprotegido y, finalmente, ridiculizado.

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