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> Iritzia: José María Ridao > OBISPOS LENINISTAS

  • Obispos leninistas
  • El País, 2007-12-31 # José María Ridao

El último domingo del año, la jerarquía eclesiástica ha reincidido en una decisión insólita, aunque repetida en diversas ocasiones durante esta convulsa legislatura: ha preferido predicar desde la calle en lugar de hacerlo desde el púlpito. Ni cartas pastorales ni homilías en los miles de templos diseminados por el país han debido de parecer a los obispos un instrumento eficaz para llevar adelante su ardorosa cruzada en defensa de la familia, una institución que, hasta donde se sabe, nadie ataca. Porque, por más iras que despierte entre los prelados, el matrimonio homosexual es una sorprendente e inesperada confirmación de la vigencia del matrimonio, que sólo debería soliviantar, en realidad, a quienes están en contra de cualquier intromisión de la ley en la vida de pareja.

Cada manifestación convocada por los obispos en los últimos años es, sin duda, una noticia sorprendente, puesto que su mensaje es tan rancio como inconfundible. Demuestra que la jerarquía eclesiástica española ha hecho una opción en favor del integrismo, y reclama la preponderancia de sus creencias y sus ritos, amparados por una ley de Dios que ellos aseguran conocer e interpretar en régimen de monopolio, sobre las instituciones seculares, establecidas y gestionadas por la libre voluntad de los individuos. Incluida la voluntad de quienes se declaran católicos y, sin embargo, parecen saber mejor que sus obispos que cualquier intento de establecer como obligatorio su modo de vida no es un triunfo de la religión, sino del fanatismo.

Éste es, en cualquier caso, el proyecto en el que se ha embarcado la jerarquía eclesiástica o, al menos, algunos de sus sectores más ruidosos, empeñados en actuar como vanguardia leninista en una sociedad que contempla con marmórea indiferencia la proyección de sus obsesiones morales, la exaltación de su servidumbre a la Idea, sus especulaciones acerca del sacrificio actual como inversión para la vida futura. Erigidos en vanguardia del supuesto pueblo católico al que imaginan representar, nada tiene de extraño que algunos obispos hayan adoptado medios de agitación semejantes a los que experimentaron los seguidores del revolucionario ruso.

Las manifestaciones suenan a movilización de masas, lo mismo que la incendiaria emisora que sufraga la Conferencia Episcopal recuerda a los medios de la agitprop. Incluso la estrategia de “cuanto peor, mejor”, empleada en cada ocasión en la que anuncian para España plagas peores que las de Egipto, evoca las catástrofes reservadas para quienes se desentendieran de las inapelables leyes de la historia.

En el fragor provocado por esta vanguardia en la que militan algunos obispos españoles, se han perdido de vista las más elementales evidencias. La primera y tal vez más importante es que si han preferido la calle en lugar del púlpito es porque, en efecto, el púlpito no les ofrece ya la audiencia que necesitan para llevar adelante su proyecto integrista. Ni el púlpito ni tampoco los seminarios, vacíos de candidatos o, por así decir, de militantes para atender al culto de la religión católica, ni en la versión que estableció el Concilio Vaticano II ni en la que ahora defiende la jerarquía eclesiástica en nuestro país. La “crisis de las vocaciones”, más que las estadísticas acerca de los españoles que practican la religión católica, es lo que demuestra la situación de privilegio que se ha concedido a la Iglesia y con la que la Iglesia no está dispuesta a conformarse. ¿Qué otro colectivo compuesto por 20.000 personas recibe una asignación del Estado equivalente al 0,7% del PIB? ¿A qué otra vanguardia, ni grande ni pequeña, se le asignan subvenciones para llevar adelante un programa que esconde detrás de la religión católica una intención política y, además, una intención política fanática?

El apaciguamiento por el que ha optado el Gobierno no es seguramente la mejor manera de contrarrestar a los obispos erigidos en vanguardia leninista. Pero no porque fuera deseable la confrontación, sino porque ha colocado al Estado en la situación del bombero pirómano, que debe sofocar las llamas que él mismo aviva a través del acuerdo económico con la Iglesia.

Una parte de la jerarquía eclesiástica está decidida a reabrir el problema religioso en España. Sin embargo, el problema religioso tendría hoy escaso recorrido si se aplicaran las políticas y las respuestas adecuadas. Y no sólo porque la Constitución de 1978 estableció un acuerdo que compromete a todas las partes, sino también porque, aunque la Iglesia parezca decidida a lanzar una cruzada, de momento no convoca ante los púlpitos a los voluntarios necesarios. Por eso, y no por otra cosa, tiene que hacer ruido en las calles.

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> Berria: Transfobia > ANDALUCIA: ATA DENUNCA A JESUS QUINTERO POR UN PROGRAMA TRANSFOBO

  • Los transexuales cargan contra Quintero
  • La Asociación de Transexuales de Andalucía cree “vergonzoso” el mensaje que sobre los transexuales transmitió el especial de Navidad de ‘Ratones Coloraos’ (Canal Sur y Telemadrid)
  • 20 Minutos, 2007-12-31 # Europa Press

La presidenta de la Asociación de Transexuales de Andalucía (ATA), Mar Cambrollé, consideró “vergonzoso” y “deleznable” el mensaje que sobre las personas transexuales se transmitió el pasado día 25 de diciembre desde el programa Ratones Coloraos (Canal Sur. Martes, a las 22.30 h. y Telemadrid. Miércoles, a las 23.30 h.), que produce, presenta y dirige el periodista Jesús Quintero.

En un comunicado, Cambrollé criticó que desde una televisión pública se aprueben y fomenten “afirmaciones científicamente trasnochadas que, en un lenguaje soez y lleno de tópicos, no hacen otra cosa que denigrar la dignidad ya no sólo de las personas transexuales, sino de la sociedad en general”.

En esta línea, la presidenta de la ATA aseguró que Quintero se dedicó a equiparar transexualidad y homosexualidad, al tiempo que consideró que “no es de recibo ir de progresista y defensor de los marginados sociales, para luego caer tan bajo, al colaborar, aplaudir y difundir este tipo de intervenciones que vejan, humillan y perpetúan las imágenes estereotipadas sobre la mujer, y no sólo de la mujer transexual”.

Asimismo, Cambrollé le recordó al presentador de Ratones Coloraos que la transfobia que, a su juicio, fomenta con este tipo de actuaciones, “en vez de fomentar referentes positivos sobre la transexualidad acordes con la realidad legislativa vigente desde marzo de 2007, es muy similar a la que históricamente han sufrido otros colectivos de nuestra comunidad, a los que en otros tiempos se pudo hasta disparar con total impunidad por la sola razón de su condición”.

> Iritzia: Rafael Reig > DERECHO A NO SERLO

  • Derecho a no serlo
  • Público, 2007-12-31 # Rafael Reig
  • No me sorprenden en absoluto las deplorables manifestaciones del obispo de Tenerife porque, al margen de dar cobertura a una banal justificación de la pederastia y una perversa descalificación de la homosexualidad, creo que en ello va encubierta la exculpación de aquellos adultos con sotana, que alguna vez se han visto involucrados en hechos similares. ¿Cómo se puede ser tan cínico para descalificar una opción sexual que no ha matado a nadie y en cambio dar la comunión a cualquier dictador asesino de masas, vaya bajo palio o no, y encima organizar una manifestación?
  • Xavier Pascual Vilanova · La Geltrú, Barcelona

A mí el obispo también me parece un mentecato, aunque me interesa su distinción entre el sexo “por vicio” y “por necesidad natural”: siempre que sea posible, prefiero, con diferencia, follar por vicio, ¡dónde va a parar! El derecho a ser homosexual ya está reconocido. Una vez más, me gustaría reclamar de nuevo el derecho a no serlo. Algunos queremos ejercer el derecho a no ser ni siquiera heterosexuales. La sexualidad es una conducta: se hace, no se es. No imprime carácter, como ser sacerdote (u obispo, ¡menudo carácter!). Algunos queremos acostarnos por la noche con quien nos dé la gana, de cualquier sexo, sin que eso nos obligue a ser nada durante el resto del día.


A unos les gusta hacerlo con la luz apagada y a otros con la luz encendida, pero nadie tiene que declararse iluminista o tenebrista. Hay quien prefiere conservar alguna prenda de ropa puesta, pero eso no le convierte en indumentarista. Tampoco es necesario identificarse como nocturnista (sólo lo hace por la noche) o como verticalista (quien prefiere hacerlo siempre de pie, con un punto de apoyo en el fregadero de la cocina). Lo que cada uno haga de cintura para abajo no tiene por qué definirle de cintura para arriba, no se convierte en su forma de ser ni le obliga a aceptar la correspondiente etiqueta distribuida por las autoridades competentes.


Aún recuerdo lecturas de Foucault: la invención de la homosexualidad como categoría es una forma de control social. Para el orden burgués, el sexo puede ser amenazador, por eso hay que disciplinarlo, reglamentarlo, compartimentarlo: hay que inventar la “sexualidad”, que vuelve al sexo inofensivo. A ver, los homosexuales, identifíquense, que levanten la mano y los apunto en esta lista. Los heterosexuales a este lado; los homosexuales, aquí. Las felatómanas, de una en una, desfilando, que se pongan detrás de los onanistas, pero dejando un sitio para los que sodomizan mujeres, y los polígamos, que no se desmarquen. ¡No me formen grupos! ¡De uno en uno y con el carnet sexual en la boca! En fin, ¿no cree usted, Xavier, que quizá podríamos llegar a ser más libres?

> Komunikatuak: RQTR > ANTE LAS DECLARACIONES DEL OBISPO DE TENERIFE Y LA CONVOCATORIA DE ROUCO

  • Ante las declaraciones hechas por el obispo de Tenerife y la convocatoria de Rouco Varela
  • RTQR • Asociación de Lesbianas, Gais, Bisexuales y Transexuales de la Universidad Complutense de Madrid, 2007-12-30

Ante las declaraciones hechas por el Obispo de Tenerife y Rouco Varela animando a la participación en la manifestación del día 30 de Diciembre por “las familias”, queremos afirmar que desde nuestra asociación, rqtr, apostamos por las familias que cada cual elegimos, nuestras propias redes, reconocidas o no por el estado, que nos reconocen a lesbianas, gays, transexuales y bisexuales como seres válidos, queridos, y dignos.

Rechazamos la visión estrecha de familia y de matrimonio que algunas personas de la Iglesia Católica y los sectores más conservadores nos quieren imponer, a los que no somos parte de su iglesia y su partido, para declarar que ha de ser la voluntad de cada persona el determinante para generar su propia unidad familiar. Vivimos en un estado de familias diversas y no reconocer esta diversidad es mirar una realidad parcial, excluyente y discriminatoria.

Pedimos que se revisen los acuerdos del estado español con la Iglesia Católica, no queremos que nuestros impuestos sigan financiando una entidad que causa tantas formas de homofobia y se permite comentarios contrarios a los derechos humanos y el marco legislativo actual.

Comentarios como los expuestos por Bernardo Álvarez afirmando que “hay menores que desean los abusos incluso te provocan” reflejan una vez más la desconexión de estas instituciones para con los derechos de las personas y pedimos que las diferentes instituciones comiencen acciones legales por promover el abuso de menores.

Animamos a todas las personas a que muestren su rechazo ante estas manifestaciones y no cejen en su libre expresión, a pesar del integrismo dominante.

> Erreportajea: Eliza > LOS "TEOCONS" SE HACEN CON EL MANDO DE LA IGLESIA

  • Los ‘teocons’ se hacen con el mando en la Iglesia
  • Los sectores más conservadores de la Iglesia arrinconan a los moderados y aumentan su poder en la legislatura socialista
  • El País, 2007-12-30 # José Luis Barbaría • San Sebastián

“¿Qué hacemos con la Iglesia?”. En octubre de 2004, siete meses después del triunfo electoral, la espinosa cuestión de las relaciones Iglesia-Estado había ya adquirido un cariz tan inquietante que José Luis Rodríguez Zapatero, María Teresa Fernández de la Vega, Alfredo Pérez Rubalcaba y José Blanco se sintieron obligados a reunirse en un cónclave monográfico. El asunto era inaplazable, entre otras razones, porque los colectivos militantes católicos más beligerantes ya habían empezado a distribuir folletos con el listado de acusaciones que compondrían los particulares “siete pecados capitales” del Gobierno socialista: el aborto, el divorcio, la eutanasia, las células madre, el matrimonio homosexual, la educación y la financiación de la Iglesia.

Se trataba de ordenar un discurso oficial, hasta entonces confuso, y de establecer una estrategia para la legislatura que impidiera que la “guerra con la Iglesia” se sumara a los frentes de desgaste abiertos con la reforma autonómica catalana y la negociación con ETA.

Acuciada por la presión, la cúpula socialista decidió que en lo referente a los compromisos electorales se respetaría “el Gobierno de los hombres” y la separación Iglesia-Estado, pero que en lo tocante a la educación y a la financiación se facilitaría un marco negociador que debía rebajar los inflamados ánimos de la jerarquía eclesiástica. La vicepresidenta Fernández de la Vega se encargaría de pivotar esa estrategia tendiendo puentes hacia la Conferencia Episcopal y el Vaticano. Aquella estrategia mantiene sumidos en el desconcierto a los sectores más laicistas del PSOE y del resto de la izquierda, pese a que las cesiones en materia de educación y el acuerdo que elevó del 0,52% al 0,7% del IRPF la aportación voluntaria del contribuyente a la Iglesia católica no le han ahorrado al Ejecutivo la apertura explosiva del temido tercer frente.

Por primera vez desde la instauración de la democracia, la Iglesia española ha cruzado en esta legislatura el Rubicón que los obispos fijaron tras el Concilio Vaticano II cuando afirmaron el pluralismo político de los cristianos y negaron su apoyo al proyecto democristiano de Joaquín Ruiz-Giménez. Ha tomado partido, empujada por los vientos de una moral rescatada de la historia que está reactivando en la izquierda el viejo reflejo anticlerical.

Cabe preguntarse si el espectáculo de agitación religiosa es cosa de la jerarquía católica o sólo de una parte de ella. ¿A quién representan los 18 obispos que promovieron y participaron en la manifestación contra el matrimonio homosexual el 18 de junio de 2005 y la media docena de prelados que desfilaron también el 12 de noviembre de ese año en la marcha contra la reforma educativa? ¿La Cope es una anomalía dentro de la Iglesia o la punta de lanza de un movimiento involucionista ascendente? ¿Quién manda en la Conferencia Episcopal?

Aunque las encuestas del CIS señalan que el electorado del PSOE está formado mayoritariamente por personas que se reclaman católicas, la jerarquía eclesiástica ha anudado en estos años un maridaje opositor con el PP, tan comprometedor que a algunos sectores religiosos y de la propia derecha empieza a resultarles embarazoso. La disposición de Rodríguez Zapatero a olvidar sus propias palabras -“más gimnasia, menos religión”, dijo en la campaña electoral; “la Iglesia debe cumplir su compromiso de autofinanciarse”, indicó, adentrada ya la legislatura-, no ha apagado el fuego reprobador, como tampoco lo ha hecho el pacto educativo sellado con la enseñanza concertada religiosa, financiada al cien por cien por el Estado.

Además de renunciar a ampliar la legislación sobre el aborto y a abordar la eutanasia, el Gobierno ha mantenido la asignatura de religión en la escuela -como oferta obligatoria, aunque sin computar a los efectos de la nota final-, y ha estabilizado laboralmente a cargo de las arcas del Estado a los 15.000 profesores de la asignatura, 8.000 de ellos en la escuela pública, que la jerarquía eclesiástica selecciona y despide a su libre albedrío, guiada por criterios tan extravagantes para la moral civil como “vivir en pecado” o divorciarse. Pese a los efectos apaciguadores del 0,7% del IRPF, porcentaje con el que ningún obispo podía soñar al inicio de la legislatura, el magma de deslegitimación del Gobierno sigue crepitando.

“No se puede colaborar con el mal”, ha sentenciado públicamente el arzobispo de Toledo y Primado de España, Antonio Cañizares, ante la negativa de la Federación Española de Religiosos de la Enseñanza (FERE) a secundar el llamamiento a la objeción de conciencia en la asignatura de educación para la ciudadanía. A juicio del portavoz de la Conferencia Episcopal, recientemente consagrado obispo, Juan Antonio Martínez Camino, el matrimonio homosexual “es la cosa más terrible que ha ocurrido en 20 siglos”. Y según la carta pastoral emitida por el obispo de Huesca, Jesús Sanz, “la sospecha” de la matanza del 11-M “mira al Gobierno”.

Una organización jerarquizada y de naturaleza oligárquica que no conoce la democracia interna y excluye a las mujeres del sacerdocio cuestiona a diario la calidad y hasta la existencia misma de la democracia española, al tiempo que se erige en actor político de primer orden. ¿Qué ha pasado en España para que la Iglesia emita un discurso tan catastrofista y adopte semejante protagonismo político?, se preguntan también en los foros internacionales.

Lo que está pasando, dicen personas bien situadas en la jerarquía episcopal y reiteran cristianos de base, socialistas católicos y cargos de la Administración, es que asistimos al reverdecimiento de una ideología neotradicionalista que lleva en su seno la vieja tentación de imponer al conjunto de la sociedad las normas morales propias de la Iglesia.

Esa ideología, alentada por los vientos involucionistas del anterior pontífice, se ha asociado con el pensamiento político neoconservador de una parte de la derecha española y ha dado lugar a un híbrido que en los ambientes católicos progresistas se conoce como “los teocons”.

Grupos como Comunión y Liberación, Asociación Católica de Propagandistas, Hazte oír, Foro Español de la Familia, Legionarios, Plataforma E-cristians y otros muchos se suman a organizaciones como el Opus o los Kikos, en un movimiento diverso pero convergente en la descalificación, la presión y la movilización políticas.

Son gentes que anatemizan todo lo que hace y dice el Gobierno, que contraponen la “ley natural” a las leyes de la mayoría parlamentaria, que juzgan aberrante la laicidad propia del Estado aconfesional y que, imbuidos de la “santa indignación”, enarbolan la teoría de que la Iglesia española está hoy perseguida “por la ofensiva laicista gubernamental”.

He aquí lo que se escribe en el número 77 de la revista Abril: “Desde luego, la sibilina persecución del sistema liberal, callada, tranquila, constante pero sin estridencias, ha causado mucha más apostasía que la de Decio, la de la Convención o la del Frente Popular. Obvio ha sido para el enemigo: si la sangre de los mártires fertiliza la tierra, no derramemos sangre y la tierra quedará estéril. (…) El lavado de cerebro de nuestros niños y adolescentes para que sus esquemas mentales sean incapaces de tolerar algo que no sea el sincretismo aguado a caballo entre el deísmo masónico y el panteísmo spinoziano se hará cada vez más intenso. El pensamiento único se impondrá irremediablemente; éste es el panorama más creíble”.

Aunque muchos de estos grupos se sitúan en la base militante laica o en los aledaños de la estructura piramidal católica, el movimiento neo tradicionalista alcanza también a purpurados del anillo cardenalicio y está bien presente en la Conferencia Episcopal. Pocos dudan de que el cardenal y arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, exponente genuino del neotradicionalismo hispano, maneja, en gran medida, los hilos del máximo órgano institucional católico español que preside el conciliador Ricardo Blázquez, obispo de Bilbao.

Dada la correlación de fuerzas, Ricardo Blázquez, “un obispo entre cardenales”, “un coronel entre generales”, puede ser sustituido dentro de unos meses al frente de la Conferencia Episcopal, bien por el propio Rouco Varela o por un prelado de su misma adscripción ideológica. “Si opta al cargo y se va a una votación sin acuerdos previos, el arzobispo de Madrid lo tendrá fácil porque hace tres años sólo le faltó un voto para alcanzar los dos tercios que necesitaba para su tercera reelección consecutiva. Ahora, le bastaría con el respaldo de la mitad de los 76 obispos con derecho a voto”, opina un sacerdote, observador privilegiado de lo que acontece en la Conferencia Episcopal.

“El problema de Ricardo Blázquez es que no ha podido asentar su posición, ni imponer la alternativa templada en la que también se encuentran obispos como Carlos Amigo, de Sevilla, Luis Martínez Sistach, de Barcelona, y algunos taranconianos [el arzobispo de Madrid Vicente Enrique y Tarancón, que dirigió la apertura de la Iglesia tras el franquismo], así que necesitaría un gesto de apoyo vaticano”, indica Carlos García de Andoin, coordinador general de Cristianos Socialistas del PSOE.

“El núcleo más conservador está consiguiendo nombramientos de jóvenes obispos neotradicionalistas y ya hay prelados de la Conferencia Episcopal que forman parte de Comunión y Liberación”, añade.

Tras la experiencia de esta legislatura, en la que el Gobierno ha renunciado a revisar los acuerdos con la Santa Sede de 1979 -nada más tomar posesión de su cargo, el presidente Zapatero viajó a Roma para tranquilizar al Vaticano en este aspecto-, la izquierda más laicista continúa haciéndose la pregunta de qué hacer con la Iglesia católica.

Desde el Gobierno se defiende la estrategia marcada con el argumento de que “hay que administrar los frentes” y establecer prioridades. “El dinero es menos importante que lograr promulgar leyes como la del matrimonio homosexual. Tenga en cuenta que en Italia ni siquiera han podido sacar adelante una ley de parejas de hecho. La situación no está para reformas constitucionales, ni para modificar los acuerdos con la Santa Sede”, indica una alto responsable de la Administración. El empeño del Ejecutivo socialista está ahora en evitar que el resto de las confesiones religiosas se sientan discriminadas.

Según la directora de Asuntos Religiosos, Mercedes Rico, se está trabajando para que el millón de protestantes españoles pueda contar el próximo año con la casilla de la declaración de la renta que les permitirá destinar el 0,7% del IRPF a su organización. A su juicio, la mayoría de los obispos españoles son moderados, “conservadores, pero moderados”, indica. “Y lo que pasa”, añade, “es que, además, buena parte de la izquierda sólo tiene en la cabeza el modelo francés de separación radical Iglesia-Estado, que sí es una excepción en Europa”.

Pese al vocerío reinante, también en España hay un terreno de encuentro propicio para el acuerdo. El documento que la Conferencia Episcopal publicó el 22 de abril de 1986 juzga como alternativas igualmente inaceptables, tanto la pretensión de “imponer a todos las normas morales de la Iglesia para la vida social” como el propósito de “eliminar cualquier intervención de la Iglesia en la vida pública inspirada en la fe”.

Hay pues en la instrucción misma de la Iglesia una descalificación expresa de los comportamientos que han aflorado en la presente legislatura y que difícilmente encuentran asiento en el principio, tan abusivamente utilizado por el integrismo, de que “en caso de conflicto hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”.

Parece claro que un sector del clero pretende recuperar a través de las palancas política y mediática el ascendente moral y espiritual que la Iglesia ha perdido en la sociedad. “En el contexto actual, se corre el riesgo de ver enemigos donde no los hay”, afirman Jesús Romero y Tiscar Espigares, responsables de la Comunidad de San Egidio, dedicada a ayudar a los desfavorecidos.

“Tanto los creyentes como los no creyentes nos enfrentamos a problemas comunes y el diálogo es el único camino que puede dar frutos y posibilitar las respuestas serenas. No hay que olvidar que la Iglesia primitiva gozaba de la simpatía del todo el mundo y que si ha sobrevivido 20 siglos es porque ha trabajado por los pobres y necesitados”, dicen.

Si eso es así, la Iglesia debería buscar a su principal enemigo dentro de ella misma: en los seminarios clausurados por la sequía vocacional, en la escasa capacidad de atracción de un magisterio que condena el preservativo, la píldora y el divorcio, en la miopía y los temores que le hacen vivir de espaldas a la realidad, añorando tiempos pretéritos o confortándose con la alegre estadística de que el 90% de los españoles se declara católico.

La realidad es que los católicos practicantes no superan el 30% de la población, que el porcentaje de contribuyentes que marcan en exclusiva la casilla de la Iglesia católica es el 23% y que únicamente hay 20.000 sacerdotes, la mayoría de edad avanzada y sin recambio a la vista. Más bien parece que la huida hacia delante de una parte del episcopado puede precipitar su marginación y provocar que la izquierda española vuelva a hacer del anticlericalismo una equivocada seña de identidad.

El pestilente error de la libertad
El socialista Gregorio Peces-Barba, uno de los siete padres de la Constitución, propone modificar los convenios con Roma. A su juicio, parte del problema reside en la referencia explícita a la Iglesia católica inscrita en el apartado constitucional que aborda la cooperación del Estado con las confesiones religiosas. “Jordi Solé Tura, Miquel Roca y yo mismo estábamos en contra de esa mención expresa, pero no insistimos lo suficiente, porque, sencillamente”, dice, “entonces no podíamos imaginar que las cosas llegarían al extremo al que han llegado”. De hecho, en los tiempos en los que la jerarquía eclesiástica parecía haber abandonado las posiciones ultramontanas, el conjunto de la izquierda asistió pasivamente a las decisiones adoptadas por los Gobiernos de González: convenios con la Santa Sede, pactos con los colegios concertados, participación en el IRPF…, que han ido conformado el privilegiado estatus de la Iglesia española.Antiguo democristiano, Peces-Barba sostiene que la Iglesia católica no está regulada por las leyes españolas, tampoco por la Ley de Libertad Religiosa, y que el hecho de que sólo asuma el marco constitucional y los acuerdos con la Santa Sede “crea zonas exentas a la acción del Estado”.Lo que le alarma, en todo caso, es la involución integrista que aprecia en la jerarquía eclesiástica, el traslado al ámbito político de la consideración de que la Iglesia es la detentadora y la administradora de la Verdad con mayúsculas, la verdad de Dios.“No aceptan la distinción público-privado que está en el artículo 27 de la Constitución y, en el fondo, siguen pensando como en el siglo XIX, cuando decían que la libertad de conciencia era un pestilente error”, indica Peces-Barba.

> Berria: Eliza > IU CONSIDERA LA CONCENTRACION DE LA IGLESIA COMO EL CIERRE DE LA PRECAMPAÑA DEL PP

  • IU: “Es el acto de cierre de la precampaña del PP”
  • Grupos de gays y lesbianas aseguran que la cita es “contra el Gobierno y contra sus leyes sociales”
  • El País, 2007-12-30

El candidato de Izquierda Unida a la Presidencia del Gobierno, Gaspar Llamazares, ha asegurado que la manifestación de “exaltación de la familia” impulsada por la jerarquía católica se ha convertido “en el mitin de cierre de la precampaña electoral del PP”. Según Llamazares, el PP “a través de los sectores más conservadores de la Iglesia católica se moviliza en contra de los acuerdos, las leyes y la soberanía de nuestro Parlamento atacando los acuerdos democráticos adoptados”.

Fundación Triángulo
La Fundación Triángulo por la igualdad social de gays y de lesbianas considera que es un evento “contra el Gobierno y contra sus leyes sociales”. El presidente de dicha fundación, Miguel Ángel Sánchez Rodríguez, indica en un comunicado que “nadie quiere prohibir la familia cristiana”, sino que “es la Iglesia la que intenta ilegalizar al resto de familias”. Sánchez añade que a la mayoría de las familias no le importa que los cristianos “vivan según las normas que su fe o sus pastores les digan”, pero sí que quieran, a su juicio, “imponer” esas normas a los demás.

> Berria: Eliza > 30-D: ATAQUES A LAS POLITICAS DEL GOBIERNO EN EL ACTO POR LA FAMILIA CRISTIANA

  • Ataques a las políticas del Gobierno en el ‘acto por la Familia Cristiana’
  • El cardenal Rouco Varela asegura que la legislación española en materia de familia ha sufrido un “retroceso con respecto a la Declaración de Derechos Humanos”
  • El País, 2007-12-30 # Rosa Jiménez Cano / Agencias • Madrid

El cardenal y arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, ha clausurado el acto por la familia cristiana que se ha celebrado hoy en la plaza de Colón al que ha asistido miles de personas, y en el que se han podido oír fuertes críticas al Gobierno por sus políticas en materia de familia, tales como el matrimonio homosexual o el llamado divorcio express, que, en palabras de Rouco, suponen “una marcha atrás en los derechos humanos”.

El acto ha comenzado con las palabras del cardenal Agustín García-Gasco, arzobispo de Valencia, que ha criticado “la cultura del laicismo”, que ha calificado como “un fraude” que “sólo conduce a la desesperación por el camino del aborto, el divorcio express y las ideologías que pretenden manipular la educación de los jóvenes”, y por lo que “nos dirigimos a la disolución de la democracia”.

Después ha tomado la palabra el cardenal y arzobispo de Toledo, Antonio Cañizares, que ha asegurado que la familia está bajo “amenazas claras y ataques de gran calado”, que suponen un “ataque grave para el futuro de la sociedad”.

La plaza y las calles anexas – sobre todo la calle Génova que confluye en la plaza Colón – han estado llenas de personas que han portado pancartas donde se criticaba el aborto o los matrimonios homosexuales, y que han podido seguir el acto por varias pantallas de televisión. Varios de los asistentes han llevado banderas nacionales de España y de Portugal, así como las de las comunidades neocatecumenales.

Testimonios y conexiones con el Vaticano
La proyección del vídeo con las palabras del papa Juan Pablo II ha tenido que ser suspendida ya que tan solo funcionaba la imagen, pero no el audio. Posteriormente ha tomado la palabra Domingo Blasco, del Foro de la Familia, quien también ha criticado la política del Gobierno: “No dejéis el corazón y la cabeza de vuestros hijos en manos de nadie y menos del Estado”.

Los autocares – medio millar según las previsiones – que trasladan a las familias están aparcando en las zonas reservadas de las calles de Alfonso XII -junto al parque del Retiro-, Alcalá, entre la Plaza de la Independencia y la calle de O’Donnell, Menéndez Pelayo y la avenida Ciudad de Barcelona.

Antes de conectar en directo con el Vaticano, para trasmitir en vivo el rezo del Angelus de Benedicto XVI, por la megafonía del acto se ha anunciado que “el Papa sabe que hay aquí un millón y medio de personas”.

El papa Benedicto XVI ha saludado en español “a los participanees en el acto por la familia” que se está celebrando en la Plaza de Colón, recibido con aplausos entre los asistentes.

El acto ha contado con los testimonios de varios religiosos y líderes de movimientos católicos, entre ellos Kiko Argüello, fundador del Movimiento Camino Neocatecumenal, que ha asegurado que “Europa necesita que ayudemos a la familia”.

Con gran énfasis en las palabras y subrayando con gestos, Kiko Argüello se ha referido a varios pasajes de la Bibilia, para luego asegurar que “estos gobiernos ateos y laicos nos quieren hacer creer que nuestra nave, nuestra vida, no va a ningún lado y no es cierto”. Posteriormente ha cogido una guitarra y ha pedido al público que cante con él la canción Resucitó.

Críticas de Rouco a la legislación española
Tras la procesión de la virgen de la Almudena -que ha ido acompañada por el canto de su himno- ha iniciado la homilía el cardenal y arzobispo de Madrid Antonio María Rouco, quien ha pedido “orar por la familia cristiana”.

Rouco Varela ha calificado la situación de la familia como “el problema más grave de la sociedad”, al enfrentarse a quienes “relativizan radicalmente la idea de la familia” y a amenazas como “la violencia doméstica y los abortos”, estos últimos calificados como “plaga”, que “interpelan fuertemente a nuestras conciencias”.

“Quien obstaculiza la institución de la familia, aunque sea de forma inconsciente, hace que la paz nacional e internacional sea más frágil”, ha asegurado el cardenal Rouco Varela, quien ha calificado como de “valor insustituible” el matrimonio entre un hombre y una mujer, “célula y vital de la familia”.

El arzobispo de Madrid ha citado directamente el artículo 16.3 de la declaración de los derechos humanos: “Constatamos tristemente que el ordenamiento jurídico español ha dado marcha atrás con respecto a la declaración de Derechos Humanos de la ONU”, ha asegurado Rouco Varela.

“Ofrecemos nuestro testimonio, no lo imponemos”, ha asegurado el cardenal Varela para acto seguido llamar a la “evangelización de la sociedad española”.