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> Erreportajea: Hezkuntza > HOMOSEXUALES EN EL INSTITUTO

  • Homosexuales en el instituto
  • Educación. El acoso homófobo en la escuela contra gays, lesbianas, transexuales y bisexuales
  • Público, 2007-12-16 # Arturo Díaz · Madrid


Soy homosexual y lo he pasado muy mal estos años. ¿Alguien quiere preguntarme algo?”. Álex tiene ahora 16 años pero cuando se plantó delante de su clase en un centro de la periferia barcelonesa, frente a los acosadores de su clase que llevaban años martirizándole, sólo tenía 14. La situación de acoso y hasta terror que viven las lesbianas y gays en los institutos pasa a menudo inadvertida a pesar de los informes que indican que “no son lugares seguros para los adolescentes homosexuales”.


Si se extrapolan los datos de toda la sociedad a la adolescencia (se calcula que entre un 7% y un 10% de la población no es heterosexual), hay miles de chicas y chicos en España que sufren largos años de soledad y llanto desde el momento en que sospechan que les atraen personas del mismo sexo. Al menos eso prueban los pocos estudios realizados sobre el asunto. Álex tuvo suerte con sus padres, Cati y José, que le apoyaron desde que supieron del maltrato que sufría en clase. También contó con su profesora, que le animó a enfrentarse a los acosadores en una sesión que organizó sobre el bullying. Desde entonces tuvo muchos menos problemas en el instituto, asegura el chico.


Un estudio sobre la homofobia en el ámbito educativo publicado la semana pasada concluía que el 31% de los varones se cambiaría de pupitre si supiera que su compañero es homosexual. El trabajo, realizado con encuestas a 4.636 alumnos de Coslada (Madrid) y San Bartolomé de Tirajana (Gran Canaria), descubre también que el 30% de los varones siente un “fuerte rechazo” a la diversidad sexual. Álex recuerda así las peores fases de su calvario: “Era en el vestuario, antes de gimnasia, cuando los compañeros empezaban a insultarme nada más quitarme los pantalones”.


Ellos son más homófobos que ellas
Silvia Morell, psicóloga de Casal Lambda, una asociación homosexual de Barcelona, afirma que el rechazo de los iguales es un tormento en estas edades: “Que te aprecie tu grupo de pares es casi más importante que la aceptación de los padres, y si se añade el rechazo de la religión entre los chicos católicos, el desamparo es total”. Morell señala que es “clave” que los adolescentes gays “encuentren referentes positivos de edades similares”.


El informe aludido, elaborado por la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales, asegura que las chicas son más respetuosas. El varón configura su masculinidad por oposición, mostrando desprecio a todo lo que considera femenino. Sólo un 10% de las chicas cambiaría de sitio en clase al saberse junto a un homosexual. Ese rechazo, a pesar de la amistad, es lo que se denomina “miedo al contagio del estigma”. Tino Brugos, profesor desde hace 14 años en Pravia (Asturias), confirma que las chicas lo llevan mejor. “Muchos chavales tienen un concepto erróneo de su sexualidad porque creen que ser homófobo y bruto es una manera de ser hombre que les permite ligar con chicas”, explica Brugos, que dirige Xente Gai Astur, asociación homosexual del Principado.


La muestra concluye que el 65% de los adolescentes gays que salen del armario ha sufrido violencia en la escuela; en un 2,6% de los casos se ha tratado de palizas. La consecuencia de esta homofobia sin ambages es que estos chicos tienen tres veces más riesgo de suicidio que sus compañeros, según otro estudio realizado por Cogam (Colectivo de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales de Madrid). Álex llegó a pensar “que la vida no valía la pena”, y cuando Cati le socorrió, “ya había pensado en el suicidio”. Morell ha tratado las secuelas de estos intentos de acabar con todo: “Llegan en situaciones graves, con fuertes depresiones y conductas lesivas con ellos mismos”, señala.


El apoyo de los padres es fundamental, apuntan los expertos. “Deben aceptar al hijo y seguir su mismo proceso de autoaceptación; tienen que pensar que el hijo también esperaba ser heterosexual, como ellos”, aconseja Morell. Para los maestros que quieran ayudar a sus alumnos homosexuales existen materiales y guías en las páginas web de Xega y Cogam. Álex se siente mejor ahora. Ya no teme “ir solo por la calle”.


  • La historia de un chico gay durante el franquismo
  • Público, 2007-12-16

Antonio Ruiz, 49 años, aún no había cumplido los 18 cuando la dictadura intentó reeducarle por maricón, como diría sin empacho cualquier funcionario del franquismo. Y ha pasado una vida que nada ha tenido que ver con la situación actual de los homosexuales adolescentes.


El hoy presidente de la Asociación de Ex Presos Sociales no pudo acudir a su escuela en busca de ayuda cuando se descubrió diferente en los setenta: “No es que no se hablara de homosexualidad en los colegios, es que ni siquiera se hablaba de sexualidad”.


Su familia no supo qué hacer y le remitió a la Iglesia. Pero acabó en tres penales, Valencia, Carabanchel (en Madrid) y Badajoz. En vez de “reeducación”, sea lo que fuere el palabro, lo que recibieron estos chicos fueron “palizas y violaciones, de tal modo que muchos no sobrevivieron y se suicidaron”, recuerda.


Aquellos jóvenes a los que se aplicó la Ley de Vagos y Maleantes -“todo eso nos hizo agresivos, deprimidos, nos tuvimos que apañar como pudimos; era una vida bastante horrorosa”- están de enhorabuena. Resulta que esa España atrasada es en 2008 alumna aventajada en la reivindicación de la homosexualidad. Y no sólo porque desde 2005 Pepe se puede casar con Juan y María con Carmen, sino también porque en breve se redimirán culpas con ellos, al menos en lo material.


En los Presupuestos de 2008 se aprobará una partida de 200 millones para indemnizar a los homosexuales represaliados por el franquismo. La iniciativa partió de IU-ICV. El portavoz de ICV en el Congreso, Joan Herrera, asegura que “se trata de compensar a aquellos que no fueron compensados. Era una deuda pendiente de la democracia hacer justicia con los que pasaron años de su vida en la cárcel sólo por su orientación sexual. Hoy parece absurdo pero era una realidad durante la dictadura de Franco”.

  • Joaquín Álvarez, profesor e impulsor de la primera tutoría para alumnos lgbt en el IES Duque de Rivas
  • «Estos chicos son el flanco más débil de la sociedad»
  • Público, 2007-12-16



Este profesor homosexual habla con un cariño inmenso de su profesión. Y de los alumnos que peor lo llevan en los colegios, los lgbt (lesbianas, gays, bisexuales y transexuales) a los que atiende en una tutoría pionera en España específica para ellos. Creada en 2005, la tutoría ha recibido unas 3.000 consultas por Internet. En la sensibilización afectivo-sexual de su instituto, el Duque de Rivas de Rivas Vaciamadrid (Madrid), se han implicado 25 profesores.


¿En qué consiste la tutoría?

Hacemos sentir al alumnado lgbt que no están solos, que podemos ayudarles. Que sientan la cercanía del tutor, de alguien que se significa como homosexual. El hecho de ser gay me obliga a estar pendiente de aquellos que por su orientación están en riesgo. Además, a través de Internet, la tutoría recibe a adolescentes de toda España y de Iberoamérica.


¿Qué preguntas plantean?
Cómo socializar con sus iguales; cómo salir del armario ante sus familiares y en su colegio; y cómo aceptar ellos mismos el hecho homosexual. Nos llegan historias de acoso y de la angustia que genera tener una orientación sexual que siempre se pone en negativo. El insulto que más se escucha en todas partes, pero sobre todo en el ámbito educativo, es maricón. Eso les recuerda el estigma.


¿Cómo reaccionan los alumnos?

En este instituto hemos apostado por la igualdad, y esto es un trabajo que se consolida cada día con el respeto hacia las mujeres, los inmigrantes, homosexuales y transexuales. Cuanto más jóvenes son los chavales, menos prejuicios tienen y mejor aceptan estas iniciativas.


¿Cómo se trabaja con el alumnado en general?
El eje del mal es una parte de un sector heterosexual que es víctima también de la construcción homofóbica, de los roles de género y de una construcción la identidad que no deja espacio para la sensibilidad. Por eso planteamos jornadas de sensibilización educativa para hablar sobre orientación sexual e identidad de género. Ésto es importante porque los y las transexuales están en la base de la pirámide de la discriminación, son muy incomprendidos. También hacemos unas jornadas culturales anuales de sensibilización.


¿Ha mejorado la situación de los homosexuales en el centro?

Cada vez se acepta mejor que se hable de este tipo de temas. Cada vez oigo menos la palabra maricón. Y no conozco casos específicos de homofobia en el centro escolar.


¿Cómo reaccionan los padres ante la tutoría?
Aceptan bien el hecho de que los chavales vengan a la tutoría. Tenemos el apoyo firme del APA.


¿Hay docentes homófobos?

Hay un sector del profesorado que se ha educado en el franquismo y que no ha tenido ocasión de familiarizarse con el hecho homosexual. Pero tanto la Constitución como las leyes educativas señalan que tenemos que trabajar la diversidad afectivo-sexual. Es triste que estos temas no se toquen por miedo o por prejuicios. Hay que dar información: rompe con las cadenas del miedo, del heterosexismo, de la homofobia…


¿Cómo se siente un alumno que llega con este problema?
Es terrible. Algo tan importante en la vida como es querer a alguien no lo puede decir ni a su familia ni a sus amigos. Éstos le van a poner de maricón y en casa corre el riesgo de que lo echen o no le acepten. Estos chicos viven un auténtico secuestro emocional. La presión exterior les impide ser ellos mismos. Eso les genera un gran sufrimiento.


¿Cómo se expresa la homofobia?

La educación se plantea siempre desde la heterosexualidad. Estos chicos carecen de referentes y muchas se veces se sienten extraterrestres. Además está el prejuicio social, que puede llegar a ser muy sutil, y la familia donde, a veces, tener un hijo homosexual es motivo de desgracia. Recordemos el “antes muerto que maricón”. Hay un sector
conservador recalcitrante que hace mucho daño.


¿Cuál es el límite de aguante?
Hace unos días, en Italia, un chaval se suicidó por razones de orientación sexual. Aquí también pasa, pero estos suicidios se suelen enmascarar. La familia es la primera que lo oculta a menudo. Muchos gays sentimos que hemos perdido la adolescencia porque hemos crecido sin referentes. Es terrible que los derechos humanos se vulneren en entornos que proclaman el desarrollo integral del niño como ideario.


¿Hay algo peor en un centroque ser gay?

Es el problema más grave de todos. Un chaval negro o gitano que sufre racismo tendrá el apoyo de su familia. Un 10% de nuestros alumnos está en riesgo. El silencio y la ignorancia provocan daños irreversibles. Los adolescentes lgbt representan el flanco más débil de la sociedad.

> Berria: Hezkuntza > LA ORIENTACION SEXUAL, FACTOR DE RIESGO A LA HORA DE SUFRIR ACOSO ESCOLAR

  • La orientación sexual, “factor de riesgo” a la hora de sufrir acoso escolar
  • Un informe refleja que el 65% de los jóvenes han sufrido algún tipo de agresión homófoba en las aulas
  • Cadena Ser, 2007-12-13 # EFE

Un 30% de los adolescentes varones reconocen sentir un “fuerte rechazo” a la diversidad sexual en las aulas, según un estudio con más de 4.600 encuestas realizadas en siete institutos públicos del municipio madrileño de Coslada y otros siete de San Bartolomé de Tirajana, Gran Canaria.

El informe, elaborado por la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (FLGTB), refleja además que el 65% de los jóvenes han sufrido algún tipo de agresión homófoba en las aulas, llegando en un 2,6% de los casos a recibir palizas.

Durante la presentación del estudio hoy en Coslada, el coordinador general del proyecto, José Ignacio Pichardo, ha asegurado que estos datos reflejan que la orientación sexual se muestra como un “factor de riesgo” a la hora de sufrir acoso escolar.

“Existe un silencio cómplice en el que los compañeros de los jóvenes les dejan solos o permiten agresiones contra ellos por miedo al contagio de un estigma”, ha añadido Pichardo.

En cuanto a la discriminación en las aulas, las actitudes homófobas entre los jóvenes llegan hasta triplicar a las manifestadas por las mujeres, ya que mientras que el 31% de los varones asegura que se cambiaría de pupitre si supiera que su compañero es homosexual o bisexual, sólo un 10% de las mujeres afirma que tomaría esta decisión.

De acuerdo a los cuestionarios, realizados en horario de clase entre los meses de noviembre de 2006 y febrero de 2007, en torno al 5% de los estudiantes reconoció sentir algún tipo de atracción hacia personas de su mismo sexo, mientras que un 10% no respondía a la pregunta y un 83% afirmaba ser heterosexual.

Falta de referentes

En la presentación del estudio, los investigadores han destacado además la falta de referentes gays, lésbicos, transexuales o bisexuales entre los estudiantes.

Por último, en cuanto a los alumnos inmigrantes, los datos reflejan que éstos presentan un nivel de homofobia “bastante superior” al de los españoles.

Los latinoamericanos fueron los que mostraron un porcentaje similar a los adolescentes españoles, mientras que la homofobia “se dispara” entre los procedentes de países de Europa del Este, la población inmigrante más numerosa en Coslada.

En total, se analizaron 4.636 encuestas a estudiantes, 3.033 en Coslada y 1.610 en San Bartolomé, con un margen de error inferior al más-menos 1% y un nivel de confianza superior al 95,5%, cifra estándar en este tipo de estudios

> Elkarrizketa: José María Avilés > "UNA RESPUESTA PUNITIVA AL ACOSO ESCOLAR ES POR SI SOLA INSUFICIENTE"

  • José María Avilés · Psicólogo
  • “Una respuesta punitiva al acoso escolar es por sí sola insuficiente”
  • El País, 2007-12-12 # Y. Montero · San Sebastián

El psicólogo José María Avilés (Toledo, 1959), investigador de la Universidad de Valladolid y orientador escolar, participó recientemente en San Sebastián en el quinto congreso nacional de la Asociación Española para la Investigación y el Desarrollo de la Terapia Familiar, donde habló del acoso escolar.


Pregunta. ¿Han aumentado los casos de acoso escolar en los últimos años o es que ahora salen más a la luz?
Respuesta. Los estudios revelan que nos movemos en una horquilla parecida. Entre el 3% y el 6% de los escolares reconoce estar implicado en casos de maltrato como víctimas o agresores. No ha habido un aumento significativo, pero sí hay más sensibilidad sobre el tema.


P. ¿La situación resulta alarmante?

R. Antes no había tiempo, posibilidad o voluntad para abordar el bullying, pero en estos momentos es un tema educativamente importante. Preocuparse y ocuparse de él es un indicador de calidad, y es que va en contra de lo más íntimo de la propia educación, que es la dignidad de las personas.


P. ¿Por qué un niño se convierte en agresor?
R. No hay una sola causa y cada caso es particular. Podemos hablar de factores familiares, que tienen que ver con las pautas de interacción que los chicos aprenden en edades tempranas con sus padres, con la cantidad de cariño que reciben, perciben o dan. También influye el aprendizaje de límites.


P. ¿A qué se refiere?

R. A si existen límites o no para las situaciones de violencia en el contexto en el que vive el niño; a si las presencia o no, está acostumbrado a ellas, las ve naturales. Son importantes los métodos para afirmar la autoridad que ponen en marcha los padres. Si los padres pegan, si ejercen la violencia, los niños aprenden que esa es la manera en la que tienen que comportarse. Todos estos factores tienen que ver mucho con aprendizajes que luego se trasladan a otros contextos interrelacionales, como es el de iguales.


P. ¿Se dan factores que no tienen que ver con la familia?

R. Lógicamente, hay también factores individuales, variables biológicas y temperamentales y factores de tipo social. Tenemos que mirar mucho el contexto en el que vivimos, que nos habla de que no son los adolescentes los que inventan las pautas de interacción. Años atrás, cuando se valoraba a los personajes de éxito en el ámbito económico, se les llamaba ejecutivos agresivos.


P. ¿Cómo cree que hay que abordar el bullying?

R. Las medidas tienen que ser integrales e integradoras. Deben incorporar en la solución al máximo perfil de personajes y tener en cuenta que no es un fenómeno estrictamente escolar, sino que se da también fuera del centro.


P. ¿Los alumnos testigos de la agresión son fundamentales en la búsqueda de soluciones?
R. Quienes contemplan la situación y no hacen nada son los primeros que pueden hacer variar la situación. Cuantos más aliados tengamos entre ellos, mejor. Estaremos introduciendo soluciones salidas de los propios iguales, que, en vez de apoyar a los agresores, ayudan a las víctimas.


P. El trato a los agresores suele ser un punto conflictivo. ¿Por qué vía apuesta?

R. Tienen que ser parte de la solución. Una respuesta punitiva por sí sola no es suficiente. Las conductas no sólo se hacen variar a través del castigo. Tenemos que implicar al agresor en la restitución de la víctima y darle una salida digna. Y eso se hace en un contexto educativo.


P. ¿Qué papel juegan las nuevas tecnologías?
R. En cada momento se usan los métodos que hay, pero es verdad que tienen connotaciones algo peligrosas. Permiten al agresor actuar desde la distancia y el anonimato, lo cual apunta otro plus de perversión al asunto. Los colegios deberían establecer pautas de uso.

> Elkarrizketa: José María Avilés > "MAS ALLA DE LOS MUROS DE LA ESCUELA SIGUE HABIENDO BULLING"

  • José María Avilés: “Más allá de los muros de la escuela sigue habiendo ‘bulling’ y ninguna institución ayuda a las víctimas”
  • El orientador escolar José María Avilés, que lleva más de una década estudiando el acoso entre iguales, clausuró ayer el congreso sobre infancia y adolescencia celebrado en la UPV convencido de que la violencia escolar trasciende los muros del colegio “y hacen falta ayudas urgentes”
  • Noticias de Gipuzkoa, 2007-12-02 # Jorge Napal · Donostia

Es un problema de alto calado social, aunque siempre “es más fácil decirle a la escuela que lo arregle”, asegura el psicólogo e investigador de la Universidad de Valladolid, José María Avilés. La conocida como violencia escolar, barrunta este experto, tal vez sea una expresión interesada que denota una insuficiente voluntad por repartir responsabilidades. El profesor asegura que ya es hora de que la sociedad se implique para combatir este fenómeno.


Un simple tortazo era hace años una chiquillada de patio de colegio mientras que hoy dispara todas las alarmas entre muchos padres. ¿Dónde se ubica el punto a partir del cuál se puede hablar de violencia escolar?

Un simple tortazo es un indicador que puede estar diciendo o no posibles cosas pero para hablar de problemas serios se tienen que producir otra serie de indicadores, como son la recurrencia, la repetición de esos malos tratos y centrados además sobre una misma persona. Para poder hablar de bulling es preciso que exista un desequilibrio de poder.


Los centros escolares y padres están más alerta que nunca pero se enfrentan a un fenómeno que no saben tasar.
Nos falta entrenamiento porque carecemos de una cultura que permita abordar el fenómeno de manera seria. Estas situaciones históricamente se han ridiculizado y menospreciado, y quizá ahora el péndulo ha pasado al otro extremo, de tal forma que nos estamos fijando demasiado en este fenómeno. Trabajo con muchos padres y alumnos y percibo que cuesta mucho reflexionar sobre este tema: ser crítico con lo que está sucediendo en los patios y con nuestras propias acciones. No es fácil poner etiquetas a las cosas, y por eso ese necesario ese entrenamiento para separar el trigo de la paja.


¿No se están viendo fantasmas donde no los hay?

Probablemente. Hemos empezado a mirar las cosas de otra manera y quizá hemos cometido errores por nuestro excesivo nerviosismo, pensando que suceden cosas que en realidad no son así. No podemos ver fantasmas detrás de cada puerta. Desde luego que si nos fijamos en los datos, se trata de un fenómeno preocupante pero no tan recurrente como se quiere hacer creer.


Se ha lanzado tal catarata de cifras estadísticas sobre este fenómeno que uno no sabe a qué dato acogerse para hacerse una idea real.
Hay que ser muy prudente con los datos ya que cuando se lanzan hay que preguntarse también quién lo hace y con qué intereses.


¿Y quién puede estar interesado en ofrecer una imagen sobredimensionada?

Es bueno hacerse esa pregunta. ¿Quién gana con dar una imagen distorsionada de determinadas escuelas y la violencia que viven, yendo más allá del problema que existe?


¿Y quién gana?
No me atrevo a juzgar, pero cuando se genera una imagen de la escuela donde hay muchos conflictos y problemas, inmediatamente la reacción suele ser la de imponer el orden a través de medidas restrictivas y de coerción. Esta actuación origina otro modelo de escuela que favorece una determinada tendencia y visión pedagógica. Tenemos un país como Francia que ha ido y ha venido varias veces sobre esos modelos policiales y de seguridad para controlar determinadas conductas. Indudablemente, la lectura de datos escandalosos pueden llevar a pensar que eso sería lo necesario pero la escuela no es el escenario donde se debe actuar de este modo. Los profesores no se pueden convertir en policías de sus alumnos porque estaríamos haciendo un flaco favor a la propia educación.


Paradójicamente, ¿no se tiende a ello?

No tengo esa impresión. La escuela debe ir por derroteros de conciliación, de búsqueda de acuerdos y negociación. En la medida que dejemos participar a los alumnos en la búsqueda de la solución a los problemas que viven, las cosas irán mucho mejor.


Se dice habitualmente que el acoso escolar es un problema que debe solucionarse en la escuela. ¿No es mucho más que un fenómeno estrictamente escolar?

Sin duda, el acoso es un problema que sobrepasa la escuela con creces porque sucede en el barrio, en la calle, en los momentos de ocio, la pandilla…


¿Y por qué hablar entonces de acoso escolar?
Tal vez sea una expresión interesada que denota la insuficiente voluntad por abrir la responsabilidad a otros ámbitos que están deseando participar en esa resolución, como los servicios sociales y ayuntamientos. Más allá de los muros de la escuela los chicos siguen sufriendo bulling y no hay figuras que puedan ayudarles, protegerles y crear una coraza de protección alrededor suya. ¿Dónde está la escuela cuando a un niño le agreden entrada la noche? En esos momentos tiene que existir también una red de ayuda, y es la propia sociedad la que se tiene que constituir como defensora de los más débiles y de quienes sufren. No es un fenómeno estrictamente escolar y si seguimos pensándolo no abordaremos nunca el problema.


¿Es fundamental crear en la víctima el clima de confianza suficiente para que cuente lo que le está sucediendo?

Claro, cuando hay un problema lo principal es crear un clima de confianza porque la mayor parte de las víctimas no hablan porque sienten miedo. En la medida que las propias instituciones respondan ante este tipo de problemas, estaremos generando el clima de confianza necesario. El problema es que muchas veces no se llega a oír ese lenguaje institucional, y por eso la administración se tiene que mojar de tal modo que la víctima sienta que la escuela está lado de quien está teniendo problemas.


¿Y cómo expresar ese apoyo de modo que la víctima lo interiorice?

Se tiene que tocar, se tiene que palpar, porque en la medida en que las víctimas sientan que tienen aliados a su alrededor, se van a confiar de tal manera que dejarán de sentir miedo al contar su vivencia.

> Iritzia: Jordi Petit > COMPASION Y SUICIDIO

  • Compasión y suicidio
  • 20 Minutos, 2007-11-20 # Jordi Petit

Las escuelas católicas han editado una guía para adaptar la Educación para la Ciudadanía a su ideario. Explicarán que los homosexuales han de ser tratados con “respeto” y “compasión”.


Respetar no es compadecer. Se inculca que gays y lesbianas son de segunda categoría. La sexología moderna establece la natural diversidad sexual humana. Perpetúan el miedo a su entorno y las depresiones de los adolescentes homosexuales y transexuales que también asisten a estos colegios. Legitiman el “bulling” homofóbico en los institutos contra gays y lesbianas y contra los adolescentes heterosexuales que no se adaptan al machismo, por ejemplo, el muchacho que prefiere la música clásica al fútbol o la chica que quiere hacer deporte y no seguir la moda. Los estudios sobre las depresiones y pensamientos de suicidio entre jóvenes homosexuales en Europa detectan un 25% de afectados. Uno de cada cuatro quisiera morirse. No quisiera terminar esta columna sin rendir mi reconocimiento al entrañable y desaparecido exdiputado del PSUC, Gregorio López Raimundo. El, el 1 de octubre de 1981 defendió, junto con socialistas y liberales, la moción que aprobó el Consejo de Europa, estableciendo el derecho a la autodeterminación sexual de la persona.

> Berria: Hezkuntza > LA ESCUELA CATOLICA SIGUE DISCRIMINANDO POR CAUSA DE ORIENTACION SEXUAL

  • La escuela católica sigue discriminando por causa de orientación sexual
  • La “compasión” de la Iglesia Católica hacia jóvenes gays y lesbianas vulnera su autoestima y destruye su dignidad ante el resto del alumnado. Un 25% de los adolescentes homosexuales piensa en suicidarse, según varios estudios europeos.
  • CGL, 2007-11-14

Ante la guía editada por las escuelas católicas para adoctrinar según su ideario la docencia de la asignatura de Educación para la Ciudadanía, y donde se proponen conceptos de “compasión” y “delicadeza” hacia las personas homosexuales, la federación de asociaciones Coordinadora Gai-Lesbiana de Catalunya manifiesta su total rechazo a una nueva forma de discriminación que vulnera la autoestima de los y las adolescentes homosexuales y transexuales (éstos últimos parece que no existen para la Iglesia).


Hay una doble moral en ese criterio de “compasión” y “delicadeza” que se contradice con el de “respeto” que también se menciona, pues el trato propuesto nos remite al tradicional lamento de la “desgracia” que ha tenido una familia de tener un hijo “así” (desviado, anormal).


Declaraciones
Antonio Guirado, Secretario General de la CGL, manifiesta: “A estas alturas, después de que el estudio Kinsey demostrase en 1947 la natural diversidad sexual humana y de que la psiquiatría y la psicología hace muchos años dejasen de considerar enfermedad la homosexualidad, es intolerable que bajo ningún concepto gays y lesbianas sean considerados dignos de compasión. Se trata de ciudadanos y ciudadanas como los demás y esa compasión es signo de una homofobia paternalista, pero homofobia al fin y al cabo. La libertad de cátedra y la libertad de culto no pueden amparar la discriminación de las personas por causa de su orientación sexual, sexo, ideología, origen cultural y étnico, lengua e ideología, libertades fundamentales protegidas en seis artículos de nuestro vigente Código Penal. En las aulas hay que impartir ciencia y no doctrina. Hablar de compasión y delicadeza hacia las personas homosexuales tiene nefastas consecuencias en el ámbito educativo y entre el alumnado. En primer lugar coloca a los homosexuales como una categoría inferior a los heterosexuales y en consecuencia refuerza la homofobia que lamentablemente se manifiesta a menudo con el “bulling” en los institutos y del que son víctimas los alumnos que no casan con los valores machistas al uso, sean o no gays o lesbianas. El joven que prefiera la música clásica al fútbol o la chica que prefiera el deporte a la moda, aún siendo heterosexuales pueden ser objeto de bulling”.


Jordi Petit, Presidente de Honor de la CGL, declara: “Esta presión y rechazo, sea en el instituto, la familia y su entorno inmediato, sume a muchos adolescentes homosexuales y transexuales en situaciones de aislamiento, sufrimiento callado y profundos estados depresivos. Varios estudios y encuestas internacionales revelan que más de un 25% de los adolescentes homosexuales piensan en el suicidio. Lamentablemente no se ha realizado ningún estudio sobre suicidio de los adolescentes homosexuales y transexuales en España (salvo un celebrado estudio sobre “bulling” y homofobia en varios institutos de Madrid, coordinado por COGAM que abunda en esta línea). Hace falta saber cuantos adolescentes homosexuales y transexuales sufren depresión en nuestro país y hasta llegan a suicidarse porque lo desconocemos, y a menudo, la familia esconde el motivo del suicidio o incluso lo ignora. Ese es el reto pendiente y no fomentar la compasión. Verdaderamente produce rubor constatar que todavía España no aparece en los estadísticas y relación de estudios internacionales sobre suicidios de adolescentes homosexuales”.

> Erreportajea: Islama > FATIMA ELIDRISI, PROTAGONISTA DEL VELO ISLAMICO, CUENTA LO MAL QUE LO PASO EN LA ESCUELA

  • “Lo pasé fatal en la escuela”
  • Fátima Elidrisi, protagonista de la primera polémica por el velo islámico, recuerda su experiencia
  • Shaima, la niña musulmana de ocho años rechazada inicialmente en una escuela de Girona por llevar velo, y admitida después por orden de la Generalitat, no es la primera que protagoniza una polémica en España por el uso de esa prenda. Hace cinco años, Fátima Elidrisi, otra niña marroquí, suscitó una controversia todavía más fuerte, al negarse a acudir a la escuela sin el pañuelo. El pulso entre Fátima y el centro concertado de la Comunidad de Madrid que le fue asignado se saldó con su escolarización en un instituto público, que la aceptó no sin reticencias. Fátima recuerda hoy con poca simpatía sus años en el centro y defiende el derecho a vestir el hiyab. Directores de diversos colegios discrepan.
  • El País, 2007-10-07 # Lola Galán · Madrid

Han pasado dos años desde que Fátima Elidrisi dejó el Juan de Herrera, un instituto público de San Lorenzo de El Escorial (a unos 50 kilómetros al noroeste de Madrid). “Me fue fatal allí. Por la clase de gimnasia. Algunos profesores me decían que no podía llevar velo. Tenía muchos problemas, casi como al principio. Llamaban a la directora, pero ella no decía nada”, declara por teléfono, en un español inseguro, desde el rincón de Andalucía donde vive con su familia desde el año pasado. Aunque pocos recuerdan su nombre, la escolarización de Fátima, en febrero de 2002, a los cinco meses de su llegada a España, estuvo precedida por la mayor polémica sobre el uso del hiyab -el velo que usan las musulmanas a partir de la pubertad-, que se había escuchado hasta entonces en este país.


Cuando Fátima, que no había cumplido los 14 años, fue enviada a la escuela apenas pudo chapurrear algo de español. Le tocó un centro concertado, el Inmaculada Concepción. Las monjas concepcionistas que lo gestionan se negaron a aceptarla, tocada con su hiyab. Su padre, Alí Elidrisi, rechazó también el centro católico. La polémica estaba servida.


Al final, las autoridades optaron por escolarizarla en el instituto público Juan de Herrera, pese a que la entonces directora, Delia Duró, era contraria al velo.


El primer día de clase de Fátima se convirtió en todo un acontecimiento mediático. La niña entró en el aula con el pañuelo anudado al cuello, un atuendo que mantuvo en la escuela hasta 2005, cuando dejó los estudios.


Apagados los focos que iluminaron brevemente su vida, Fátima pasó un año trabajando en una tienda de San Lorenzo de El Escorial, de la que no quiere dar más datos. “Llevaba mi pañuelo y no pasaba nada”, recuerda ahora, ya con 19 años cumplidos, y empeñada en sacarse el título de graduado escolar y el carné de conducir. De la polémica de la niña de Girona no sabe absolutamente nada, pero se extraña de la edad de Shaima. “A los ocho años no se lleva el velo. Es muy pequeña, incluso a los 14 se es pequeña”. Aunque, reflexiona: “¡Qué más da! No entiendo por qué la gente está pendiente de estas cosas. Cada uno tendría que pensar en lo suyo”.


La madre Belén, actual directora del Inmaculada Concepción, elude referirse a aquella polémica. “Yo estaba entonces en otra autonomía”. Pero defiende la decisión de no admitir a Fátima. “Cuando los niños se escolarizan en el centro aceptan respetar sus normas, y el uniforme es una de ellas. Nosotras tenemos también alumnos inmigrantes. No sabría decirle cuantos, unos diez, creo, y estamos muy contentas con ellos. Enriquecen nuestra visión del mundo, que es plural”.


En el Juan de Herrera, donde estudió Fátima, todavía la recuerdan. Su caso sirvió de pauta al reglamento interno que aplica hoy su nuevo director, Ramón Vázquez. “Permitimos a las chicas musulmanas que vengan con el pañuelo, pero no dejamos que los alumnos lleven gorras. Yo no trato con culturas, sino con personas. Y las chicas musulmanas no son libres para quitarse el pañuelo”. En el instituto, uno de cada cuatro alumnos es inmigrante, aunque los musulmanes son apenas una treintena, de ellos 12 chicas, “de las que sólo tres o cuatro llevan pañuelo”, dice Vázquez. No le cabe duda de que el suyo es un centro “liberal”. Pero, este director aplaudiría la llegada de una norma superior a la que atenerse en caso de conflicto. Mientras llega, el muestrario de soluciones caseras que cada centro da al problema de los atuendos es variado e imaginativo.


Caben muchas matizaciones entre las dos posiciones extremas: liberalismo total, al estilo del Reino Unido, y prohibicionismo total, tan estricto como el que se aplica en Francia, donde todos los símbolos religiosos están proscritos en la escuela.


Un ejemplo de máximo liberalismo es el colegio concertado de las Mercedarias, en el centro de Madrid. Los alumnos llevan uniforme, pero un uniforme laxo, por lo que se ve a la salida del centro: chavales con chándal que se atienen sólo parcialmente a los colores obligatorios -pantalón azul marino y camisa blanca-, con colgantes y piercing; chicas con minifaldas vaqueras. Ninguna con hiyab. “Será porque ellas no quieren ponérselo, porque nosotras lo aceptamos”, dice Olga, que ha sido alumna y profesora del centro y ahora controla la portería. ¿La llaman hermana o madre, los chicos? “Huy, eso pasó a la historia, ahora nos tutean”. Olga -pelo blanco y ojos claros- dice que los alumnos vienen casi todos de la zona, un sector degradado del centro de la ciudad. “Tenemos infinidad de hijos de prostitutas. Ellas son bellísimas personas”. Lo del uniforme responde a una petición de los padres. Las mercedarias no lo impondrían. “A los musulmanes les preparamos comida especial. Nunca hemos tenido problemas”.


Y ése es un aspecto clave. Porque los reglamentos internos de los centros se basan, muchas veces, en la propia experiencia. En el instituto Benlliure, de Valencia, con más de mil alumnos entre los 12 y los 20 años, (30% de inmigrantes), se vivió hace años una situación complicada que obligó a tomar medidas. Lo recuerda el jefe de estudios, Josep Cuenca. “Tuvimos una alumna musulmana en uno de los ciclos superiores, el de Turismo, que usaba el velo. Y era un problema. Porque la enviábamos a hacer prácticas en el aeropuerto, o en la recepción de un hotel, y las empresas nos la devolvían, por el velo”. El profesor a cargo del curso informó del caso y el claustro decidió que había que prohibir a los alumnos cubrirse la cabeza. “Aquí no se aceptan ni hiyab, ni gorra, ni capuchas. Es una cuestión de estética”, dice Cuenca. Las alumnas musulmanas llevan el velo sólo hasta la puerta.


En el instituto Las Américas, de Parla (a unos 20 kilómetros al sureste de Madrid), han optado por una solución intermedia. “Las niñas musulmanas pueden venir con pañuelo, pero no aceptamos prendas que tapen la cara. Por eso no admitimos que entren en clase con gorras o con gafas de sol”, explica Ángel Humanes, director del centro desde hace siete años. Humanes, al frente de un colectivo de 700 alumnos (unos 120 inmigrantes), cree que la fórmula mágica para evitar problemas es aplicar el sentido común. “La intransigencia es fatal. Pero tan malo es pasarse como quedarse corto. El de fuera tiene que aceptar las costumbres de aquí”.


Aunque la situación dista de ser homogénea. “En Andalucía estamos muy bien. Aquí no hay problemas con estas cosas del velo”, asegura Fátima Elidrisi. Y tampoco en Ceuta, con mayoría de musulmanes. Juan Luis Aróstegui, que dirige el instituto Puertas del Campo desde hace 22 años, lleva décadas viendo a las alumnas entrar a clase con su pañuelo. “Aquí la naturalidad es absoluta. Ni destaca, ni llama la atención. Aunque tampoco son muchas las muchachas que lo llevan”. Aróstegui ha detectado un aumento del uso del hiyab en los últimos años. Pero jamás lo prohibiría.


Claro que eso está bien cuando todo va como la seda. Pero, ¿y cuando surgen los problemas? Ramón Vázquez, del instituto Juan de Herrera, tiene claro que debería haber una norma de la Administración a la que atenerse. “Si no, nos dejan a los directores a los pies de los caballos”.