• Páginas

  • Categorías

  • Archivos

> Iritzia: Arturo Pérez-Reverte > 20, 15, 750

  • 20, 15, 750
  • XLSemanal, 2007-11-18 # Arturo Pérez-Reverte

Veinte años en la calle, celebran hoy quienes desde hace quince me albergan. Y pues de aniversarios estamos, acabo de calcular que éste es mi artículo número setecientos cincuenta. En lo que a mí se refiere voy a ahorrarles a ustedes hacer balance extenso del asunto, porque hace casi un año, con motivo del número 1.000 de XLSemanal, ya dediqué folio y medio a contar por qué sigo aquí dando la brasa: porque me lo paso de muerte dando escopetazos –¿Acaso no se mata a los caballos?, novela de Horace McCoy llevada al cine bajo el título Danzad, danzad, malditos–, porque hay cartas entrañables de lectores que me obligarían a seguir frecuentando mi particular e imaginario bar de Lola aunque se me fueran las ganas, y porque la gente que me publica esta página ha demostrado con creces, durante esos largos y movidos quince años, una lealtad a toda prueba. Y cuando digo a toda prueba quiero decir exactamente eso: libertad en plan tú mismo y ahí está el Código Penal, y lealtad a prueba de damnificados vociferantes, publicitarios o anunciantes sedientos de sangre, políticos de Cómo Permitís Que Ese Cabrón, paletos de campanario, neohistoriadores de pesebre, falangistas de correaje, comisarios de checa de Bellas Artes, meapilas de Camino Verde Que Va a La Ermita, imbéciles de género y génera, y feminatas desaforadas con la pepitilla seca o hecha un lío. No sé si me explico. Ni si olvido algo.


Lo que me gustaría hoy, ya puestos a dedicar esta página, como me han sugerido, a celebrar el cumpleaños feliz, es dedicar un saludo de agradecimiento a quienes trabajan en el envés de la trama, y también a los compañeros con quienes comparto, o compartí en tiempos pretéritos, el trabajo en esta revista dominical, colorín o como se llame. A estos últimos, los de ahora, los conocen ustedes, pues basta con pasar las páginas para encontrar sus nombres, incluido el del cartero que me sufre. Así que también se los ahorro. Resulta estupendo, gratificante y educativo compartir papel con casi todos, incluido Paulo Coelho, que pese a sus esfuerzos místicos no ha logrado todavía hacerme ver la luz; pero lo mismo cualquier día uno de sus artículos me enciende la bombilla y me voy al Tíbet. Nunca se sabe. Otros colegas ya no teclean aquí, pero con algunos llegué a pasar buenos ratos echando pan a los patos. No puedo olvidar, entre ellos, a Ángeles Caso, a Marina Mayoral, a Antonio Muñoz Molina y sobre todo a Javier Marías, el perro inglés con quien precisamente la vecindad de página fraguó una amistad pintoresca, singular, que perdura aunque cada uno de nosotros curre ahora en diferentes pastos. La mejor prueba de esa amistad reside en el hecho insólito de que, cuando yo escribo aquí un artículo que desagrada a alguien, las hostias se las lleva él. Lo que, dicho sea de paso, me encanta. Los amigos están para eso. Para buscarles la ruina.


En cuanto al revés de la trama, como les decía, el agradecimiento es obligado. Si aquellos de ustedes a quienes apetece ver con qué se descuelga cada domingo el amigo –o no amigo– Reverte han podido hacerlo durante setecientas cincuenta semanas consecutivas, sin faltar ni una sola pese a viajes, vacaciones y demás, es porque un equipo de gente estupenda, algunos de cuyos nombres nunca aparecen impresos en estas páginas, se ocuparon de que así fuera. Profesionales rigurosos, lo mismo amigos fieles que mercenarios con pundonor profesional, todos ellos se mantuvieron en contacto por fax o internet para facilitarme los envíos, ajustaron textos, los administraron celosamente cuando llegaban cinco o diez de golpe porque yo pensaba desaparecer una temporada, detectaron erratas por mí inadvertidas, las corrigieron in extremis cuando los telefoneaba para decir: oye, acabo de acordarme de que en la línea tal he escrito ‘subnormal’ con uve. Y cosas así. De esa fiel infantería anónima no olvido ni a los que se fueron ni a los que están: Antonio José, Mercedes Baztán, Rufi, Juan José Esteban y los demás. Buenos chicos, magníficos periodistas. Sin ellos, esta página sería imposible.


Y, bueno. Eso es más o menos lo que quería apuntar hoy: que dos décadas son edad honorable, digna de ser celebrada. En cuanto a la tarta de cumpleaños, decir que ojalá dentro de otros veinte años sigamos viéndonos todos aquí, juntos y con mecheritos en alto, me parece una gilipollez. Así que no lo digo. Yo, desde luego, no tengo la menor intención de acudir a la cita. Ni a ésa, ni a ninguna otra. Eso no es obstáculo, u óbice, para desear que XLSemanal, o como diablos se llame para entonces –ya saben, toda esa murga de la renovación periódica y el diseño–, doble con absoluta felicidad la edad venerable que hoy festeja. Es un honor escribir aquí. Palabra.

> Berria: Matxismoa > GALICIA: "PREMIO" ALACRAN PARA PEREZ-REVERTE POR MACHISTA

  • Premio ‘Alacrán’ para Pérez Reverte por “machista”
  • El escritor se lleva la peor condecoración del colectivo feminista vigués. El premio positivo se lo han dado al creador de la píldora anticonceptiva. La entrega de los galardones se celebrará el próximo 17 de noviembre en Vigo.
  • 20 Minutos, 2007-10-30

El Grupo de Estudios sobre a Condición da Muller, Alecrín, presentó hoy en Vigo el fallo de la edición de este año de los ‘Premios Alecrín-Alacrán’ que elogian la labor del ‘padre’ de la píldora anticonceptiva, Carl Djerassi, y critican “la actitud reaccionaria, el machismo y el antifeminismo” que, según la asociación, se desprende de los artículos del periodista Arturo Pérez-Reverte.


La presidenta de la asociación, Ana Míguez, dio a conocer hoy el nombre de los premiados en esta XVIII edición de los galardones, que se entregarán en el transcurso de una gala el próximo 17 de noviembre en el Centro Social Caixanova de Vigo, a partir de las 20.00 horas.


El bueno
Así, el premio ‘Alecrín’ será para Djerassi, por su labor en favor de la “autonomía” de la mujer al poder “ejercer control sobre su propio cuerpo en lo relativo a la concepción”.


El colectivo feminista considera que el descubrimiento de la conocida como ‘la píldora’ ha permitido, a quienes así lo desearon, apartarse de su rol tradicional centrado en el cuidado de los hijos y la casa para abarcar “espacios mayores de libertad”.


El malo
Además, se otorgará el ‘Alacrán’ al periodista Arturo Pérez Reverte, ya que Alecrín considera que sus trabajos hacen “apología de la violencia contra las mujeres” y contienen proclamas “machistas”.


Según el colectivo, Reverte “está haciendo del antifeminismo su mejor bandera” con actitudes como la “ridiculización” de la aspectos como la lucha contra el lenguaje machista, la publicidad sexista o las leyes de igualdad.


Alecrín considera que los profesionales de la comunicación “deberían considerar una obligación” el respeto a la imagen de las mujeres, debido a su influencia en la opinión pública.


El padre de la píldora
El científico estadounidense Carl Djerassi es profesor de Química de la Universidad de Standford y uno de los pocos investigadores galardonados con los dos reconocimientos más importantes de ese país: la Medalla Nacional de la Ciencia, por la síntesis del primer esteroide oral anticonceptivo, y la Medalla Nacional de Tecnología, por promover nuevas formas de control de la población de insectos.


También es miembro de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos y de la Academia Americana de Artes y Ciencias y ha recibido 19 doctorados Honoris Causa.


El nacimiento de la píldora anticonceptiva tuvo lugar en 1951, en las instalaciones del laboratorio Siontex, en la ciudad de México, donde Djerassi logró sintetizar el primer compuesto químico, la noestisterina, a partir de un vegetal denominado barbasco que todavía se emplea hoy como componente.


Sin embargo, el primer anticonceptivo oral no se comercializó masivamente hasta 1960 en Estados Unidos, bajo el nombre Envoid.

> Iritzia: Arturo Pérez-Reverte > AVA GARDNER NUNCA MAIS

  • Ava Gardner Nunca Mais
  • XL Semanal, 2007-09-09 # Arturo Pérez-Reverte

Se han cabreado ciertas erizas por mi artículo del otro día, quejándome de que apenas se ven señoras como las de antes: mozas de bandera a cuyo paso temblaba el suelo y se cortaban las respiraciones masculinas. Decía yo que, en vez de Sophías Lorenes, Graces Kellys y otras espléndidas hembras homologadas como tales, lo habitual hoy es toparse con adefesios patosos, lorzas sudorosas y fulanas ordinarias, espatarradas y con chanclas. Y a mis primas les ha sentado mal, sobre todo lo de las lorzas. Además de llamarme machista, neonazi, cabrón con pintas y ciscarse en mis muertos, alguna pregunta qué tengo contra las gordas. Etcétera. Eso me lleva a la conclusión de que no han captado el fondo del asunto, así que voy a explicarlo más claro, por si catorce años de perífrasis y circunloquios impiden entenderme cuando cuento algo. Más que nada, por mi lenguaje oscuro. Además, Javier Marías, a quien mencionaba en el artículo, cuenta que a él también lo están inflando a hostias, sin comerlo ni beberlo. Y pide una rectificación: está de acuerdo con toda la nómina de señoras citadas, incluidas Kim Novak, Donna Reed y Rhonda Fleming; pero él nunca habló de Jane Rusell.

El error básico está en considerar que, cuando describo a una morsa con pantalón pirata ceñido, lorzas relucientes de grasa y camiseta sudada, me refiero al contenido, y no al continente. Quien deduzca burla o desprecio hacia las individuas abundantes es, literalmente, tonto del haba. De entrada, se equivocan las mujeres seguras de que a los hombres nos gustan las churris esmirriadas, tipo Calista Floja o Paulina Rubio. A ver si no confundimos las cosas. Ésas le gustan a Galiano –que se viste de torero–, al simpático muchacho Lagerfeld y a alguno más, hipócritas aparte. En materia carnal –lo intelectual y lo afectivo son otra cosa–, la mayor parte de los varones normalmente constituidos, por mucha literatura y mucho alpiste que echen al canario, prefiere una señora de rompe y rasga, en cuyas gloriosas caderas no se ponga el sol. Y es lógico. También, a fin de cuentas, lo que de verdad hace que a una hembra le tiemblen las piernas –se pongan las feministas como se pongan– no son los quesitos desnatados que van de malotes, ni los charlatanes lánguidos, sino los hombres cuajados con resabios del cazador y el guerrero que fueron hace siglos. Los que dejan las sábanas arrugadas debajo de una.

No se trata, por tanto, de gordas y flacas. Como afirma el título de una película, las mujeres de verdad tienen curvas. La cuestión reside en el empaquetado. Lo que no puede pretender una pava metida en kilos –y conozco a algunas que son señoras espléndidas– es meterse en una camiseta tres tallas más pequeña, ponerse un pantalón pirata que deje la raja del tanga al descubierto y rebose chicha por los flancos, no ducharse en dos días, y que encima la llamen guapa. Y si a eso añadimos la ordinariez que tanto abunda, la mala educación, la ausencia absoluta de maneras y la imitación de cuanta retrasada mental aparece en la tele dándoselas de señora, el resultado es inevitable: desagradables tocinos sin fronteras que se creen divinas de la muerte, marmotas domingueras que no saben ponerse tacones cuando lo intentan, y tías vestidas, los días de boda, con vestido largo a las diez de la mañana, como si vinieran de cerrar un puticlub de los de antes.

Para acabar, otro argumento: el de la eriza que escribe preguntando por qué diablos, si pasa el día en el curro, vuelve hecha polvo y trae a los niños del cole, tiene que vestirse de Ava Gardner en vez de ir cómoda. Aparte de la dudosa comodidad de vestir embutida como una morcilla, la respuesta es simple: no tiene por qué. Nadie la obliga, y lo de doña Ava es sólo una forma de hablar. Pero que no me exija respeto con su camiseta ceñida y sucia, su tripa al aire, su impúdico mal gusto y su desvergüenza, como tampoco me gusta el fulano de axilas sudadas, piernas peludas y chanclas que encuentro en la calle. Vestidos para matar o para ver la tele en casa, se trata de buenas maneras, nada más. En varones o hembras, esas maneras sólo pueden darse por tres motivos: genética, educación o esfuerzo personal. La plataforma Ava Gardner Nunca Mais permitirá, al menos, que quienes conocemos a mujeres capaces de combinar trabajo, casa y cole de los niños con saber cruzar las piernas, usar tacones cuando se tercia, llevar un vestido, o quitárselo, las prefiramos al resto. A una señora digna de ese tratamiento debería bastarle una tarjeta de boda como la que una amiga mía envió este verano a sus invitados: «Caballeros, sin corbata. Señoras, como Dios manda».

> Berria: Hedabideak > CANARIAS: EL INSTITUTO DE LA MUJER TRAMITA DOS DENUNCIAS POR TRATAMIENTO INCORRECTO DE LA VIOLENCIA MACHISTA

  • El asesinato de Edelmira
  • El ICM tramita dos denuncias por el “incorrecto” tratamiento de la violencia machista en la prensa canaria
  • El uso de “crimen pasional” justifica la violencia que el hombre ejerce sobre la mujer, según el Observatorio de Publicidad Sexista canario
  • La Opinión, 2007-08-09 # Ideapress · Santa Cruz de Tenerife

El Observatorio de Publicidad y la Comunicación Sexista del Instituto Canario de la Mujer tramita en lo que va de año un total de 11 denuncias, la mayoría referentes a publicidad sexista en prensa (5) y en televisión (4). Gran parte de las denuncias alegan un uso del cuerpo de las mujeres como reclamo publicitario, la utilización de modelos de comportamiento estereotipados y el fomento de la violencia machista.


Dos de las denuncias se atribuyen al tratamiento de la información sobre la violencia de género en la prensa escrita del Archipiélago. En este sentido, el titular de una noticia publicada en un diario de las Islas el 11 de junio de 2007, “Dos crímenes pasionales cuestan la vida a una mujer y a un hombre en Tenerife”, contribuye a justificar la violencia que el hombre ejerce sobre la mujer con el uso conjunto de “crimen” y “pasional”, según el Observatorio, porque justifican estos graves hechos como “pasionales” y los relaciona con el amor.


Otra noticia publicada en prensa el 28 de enero de 2007 y referida a un caso de violencia de género, se ilustra con una foto de la víctima donde su cuerpo aparece desnudo y su rostro a la vista en el momento en que es trasladada en una camilla a la ambulancia. Según el ICM, la noticia “no respeta la vida privada de la víctima y su dignidad personal”.


La última denuncia se refiere a un artículo de Arturo Pérez Reverte titulado “Mujeres como las de antes” y publicado en el suplemento dominical del periódico ABC el 22 de julio de 2007. Según el ICM, en dicho artículo se denigra a las mujeres al referirse a ellas con expresiones como “una torda ejemplar” y unas “focas desechos de tienta”, haciendo apología de la violencia de género, al escribir textualmente, sobre una mujer, “que camina por la calle arqueando las piernas…, con tan poca gracia que es como para, piadosamente – ¿acaso no se mata a los caballos? – , abatirla de un escopetazo”. Para el Observatorio, el artículo menosprecia muchos avances en materia de igualdad de oportunidades entre los sexos, reclamando la vuelta a modelos de comportamiento anteriores estereotipaos y “esclavizantes” para las mujeres.


El Observatorio de Publicidad Sexista dirige severas críticas a varios spots publicitarios emitidos en televisión en el Archipiélago, la mayoría por un uso estereotipado de la imagen de la mujer y por fomentar la violencia machista. En este contexto, una de las denuncias presentadas se dirige hacia un anuncio de la Consejería de Sanidad del Gobierno canario, dentro de la campaña para combatir la obesidad infantil de 2007. El Observatorio entiende que “la imagen de la niña que lo protagoniza incentiva a todas las niñas a ser modelos”, y no contribuye a “fomentar una imagen diversificada y realista de las posibilidades y aptitudes de las mujeres y los hombres en la sociedad”.


El Observatorio de la Publicidad y la Comunicación Sexista es un instrumento del Instituto Canario de la Mujer para lograr el tratamiento de las mujeres en los medios de comunicación de acuerdo con los principios constitucionales. Todos los ciudadanos y ciudadanas pueden convertirse en observadores de la realidad publicitaria en lo medios de comunicación y en denunciantes de los casos que consideren que no son acordes con el principio de igualdad entre mujeres y hombres.


El Observatorio recibe y divulga las denuncias ciudadanas y, en los casos en que se refieran a contenidos cuyo ámbito de divulgación sea la Comunidad Autónoma de Canarias, les da traslado a la parte afectada, emite recomendaciones acerca de un tratamiento adecuado y solicita la rectificación o cesación cuando proceda. Estas actuaciones se complementan con otras como la investigación, el premio a las iniciativas de información y publicidad ejemplares, y el asesoramiento, información y formación de profesionales, como instrumentos fundamentales para el cambio de mentalidades y la generación de formas de publicidad y comunicación igualitarias.

> Iritzia: Arturo Pérez-Reverte > MUJERES COMO LAS DE ANTES

  • Mujeres como las de antes
  • XL Semanal, 2007-07-22 # Arturo Pérez-Reverte

Muchas veces he dicho que apenas quedan mujeres como las de antes. Ni en el cine, ni fuera de él. Y me refiero a mujeres de esas que pisaban fuerte y sentías temblar el suelo a su paso. Mujeres de bandera. Lo comento con Javier Marías saliendo del hotel Palace, donde en el vestíbulo vemos a una torda espectacular. «Aunque ordinaria», opina Javier. «Creo que no lo sabe», apunto yo. Seguimos conversando carrera de San Jerónimo arriba, en dirección a la puerta del Sol. Es una noche madrileña animada, cálida y agradable, que nos suministra abundante material para observación y glosa. Yo me muevo, fiel a mis mitos, en un registro que va de Ava Gardner y Debra Paget a Kim Novak, pasando por la Silvana Mangano de Arroz amargo; y Javier añade los nombres de Donna Reed, Rhonda Fleming, Jane Rusell y Angie Dickinson, que apruebo con entusiasmo. Coincidimos además en dos señoras de belleza abrumadora, aunque opuesta: Sophia Loren y Grace Kelly. Al referirnos a la primera, Javier y yo emitimos aullidos a lo Mastroianni propios de nuestro sexo –no de nuestro género, imbéciles– que vuelven superfluo cualquier comentario adicional. Haciendo, por cierto, darse por aludidas, sin fundamento, a unas focas desechos de tienta que pasan junto a nosotros vestidas con pantalón pirata, lorzas al aire y camiseta sudada; creyendo, las infelices, que nuestro «por allí resopla» va con ellas. Respecto a Grace Kelly, dicho sea de paso, me anoto un punto con el rey de Redonda –me encanta madrugarle en materia cinéfila, pues no ocurre casi nunca–, porque él no recuerda la secuencia del pasillo del hotel en Atrapa a un ladrón, cuando doña Grace se vuelve y besa a Cary Grant ante la puerta, de un modo que haría a cualquier varón normalmente constituido dar la vida por ser el señor Grant.


Pero no sólo era el cine, concluimos, sino la vida real. Los dos somos veteranos del año 51 y tenemos, cine aparte, recuerdos personales que aplicar al asunto: madres, tías, primas mayores, vecinas. Esas medias con costura sobre zapatos de aguja, comenta Javier con sonrisa nostálgica. Esas siluetas, añado yo, gloriosas e inconfundibles: cintura ceñida, curva de caderas y falda de tubo ajustada hasta las rodillas. Etcétera. No era casual, concluimos, que en las fotos familiares nuestras madres parezcan estrellas de cine; o que tal vez fuesen las estrellas de cine las que se parecían muchísimo a ellas. Hasta las niñas, en el recreo, se recogían con una mano la falda del babi y procuraban caminar como las mujeres mayores, con suave contoneo condicionado por la sabia combinación de tacones, falda que obligaba a moverse de un modo determinado, caderas en las que nunca se ponía el sol y garbo propio de hembras de gloriosa casta. En aquel tiempo, las mujeres se movían como en el cine y como señoras porque iban al cine y porque, además, eran señoras.


Con esa charla hemos llegado a la calle Mayor, donde se divisa por la proa un ejemplo rotundo de cuanto hemos dicho. Entre una cita de Shakespeare y otra de Henry James, o de uno de ésos, Javier mira al frente con el radar de adquisición de objetivos haciendo bip-bip-bip, yo sigo la dirección de sus ojos que me dicen no he querido saber pero he sabido, y se nos cruza una rubia de buena cara y mejor figura, vestida de negro y con zapatos de tacón, que camina arqueando las piernas, toc, toc, con tan poca gracia que es como para, piadosamente –¿acaso no se mata a los caballos?–, abatirla de un escopetazo. Nos paramos a mirarla mientras se aleja, moviendo desolados la cabeza. Quod erat demostrandum, le digo al de Redonda para probarle que yo también tengo mis clásicos. Mírala, chaval: belleza, cuerpo perfecto, pero cuando decide ponerse elegante parece una marmota dominguera. Y es que han perdido la costumbre, colega. Vestirse como una señora, con tacón alto y el garbo adecuado, no se improvisa, ni se consigue entrando en una zapatería buena y en una tienda de ropa cara. No se pasa así como así de sentarse despatarrada, el tatuaje en la teta y el piercing en el ombligo a unos zapatos de Manolo Blahnik y un vestido de Chanel o de Versace. Puede ocurrir como con ese chiste del caballero que ve a una señora bellísima y muy bien puesta, sentada en una cafetería. «Es usted –le dice– la mujer más hermosa y elegante que he visto en mi vida. Me fascinan esos ojos, esa boca, esa forma de vestir. La amo, se lo juro. Pero respóndame, por favor. Dígame algo.» Y la otra contesta: «¿Pa qué?… ¿Pa cagarla?».