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> Iritzia: Pilar Rahola > COMPROMISO O RIDICULO

  • Compromiso o ridículo
  • No es labor de un Gobierno formar parte de un lobi
  • El Periódico de Catalunya, 2007-11-12 # Pilar Rahola

Me dicen los amigos: “No hagas este artículo”. ¿Están en desacuerdo o temen sus consecuencias? La respuesta me llega sin preguntar: “Criticar una iniciativa gay tiene riesgo”. Y añaden: “Son el lobi de presión más importante que existe, hoy por hoy, en nuestra sociedad, solo comparable al lobi feminista”. Puesto que mis interlocutores son progres de largo pedigrí, y coinciden en mi análisis, la alerta es inquietante. ¿Es cierto que la dura lucha por los derechos del colectivo homosexual ha derivado en un eficaz mecanismo de presión lobista, que incide en la acción política más por “corrección política” que por sensatez?


Algunas decisiones de la Administración hacen pensar que hay algo más que compromiso ético con los derechos homosexuales y que alguna frontera, en los límites del puro ridículo, se ha traspasado. Lo pensé cuando nos apuntamos alegremente a los juegos olímpicos gais, cuya virtud derivaba en un auténtico gueto de los atletas homosexuales, como si la tendencia sexual de alguien definiera al deporte. Me pareció una sandez monumental y recordé lo que me decía siempre un amigo gay: “Nuestra lucha es por la normalidad”. Sin embargo, les montábamos una reserva de indios deportiva, reserva con las que muchísimos gais estuvieron en contra.
Ahora nos llegan dos noticias que van en la misma línea de anormalidad, como si el hecho natural de amar y dormir con quien uno quiera se convirtiera en una línea divisoria del mundo. Ya no somos hombres, mujeres, ciudadanos. Ahora parece que somos homosexuales o heterosexuales, y que esa división marca las decisiones. Creo que hay un abismo entre regular severamente las leyes contra la homofobia y la derivada actual de algunas instancias. La decisión de una fiscalía exclusiva para homosexuales y, especialmente, la decisión de la Generalitat de ingresar en la Internacional Gay y Lesbiana, son la culminación de esta carrera hacia el absurdo.


Primero, porque muchos gais no se sienten representados por esta internacional, ni falta que les hace. Segundo, porque el mundo está lleno de asociaciones civiles que luchan por defender sus derechos. ¿Nos apuntaremos a todas? Y tercero, porque no es labor de un Gobierno formar parte de un lobi de presión, cuyas características, por su propia naturaleza, lo convierten en interlocutor de la Administración, y no en la Administración misma. Además, este tipo de decisiones, por su naturaleza absurda, solo consiguen deseducar a los ciudadanos que todavía no entienden los derechos gais. Desde luego, no tiene nada de pedagógico y mucho de ridículo.


La lucha por los derechos de los homosexuales no pasa por este empacho de corrección política llevada al paroxismo. Pasa precisamente por todo lo contrario: porque la normalidad gay no se vea alterada por los intolerantes, ni por los que, queriendo conseguir alguna medalla al mérito progre, los convierte en un colectivo al margen, guetizado, sobreprotegido y, finalmente, ridiculizado.

> Iritzia: Pilar Rahola > RELEXION INCORRECTA SOBRE EL HISTRIONISMO GAY

  • Reflexión incorrecta sobre el histrionismo gay
  • El País, 2007-06-30 # Pilar Rahola

Las imágenes de Chueca llegan a nuestras retinas con el colorido tradicional, pechos al descubierto, labios inmensos de rojo pasión, piernas enfundadas en medias imposibles y, en la atmósfera, una artificial sobrecarga de erotismo todo a cien. El barrio homosexual por excelencia acaba de abrir la fiesta del orgullo gay con un sonado y polémico pregón en inglés de Marta Sánchez, y las televisiones se tiñen de provocación gamberra y desvergonzada. Hoy es el día del gran desfile y se prevé un Madrid multicolor que, para suerte de los que amamos la libertad, provocará intensas urticarias a ese otro Madrid de pañoleta, conferencia episcopal e ideología bajo palio. Como no puede ser de otra forma, alzo mi brindis para saludar a mis queridos amigos del otro lado de la acera, mis liberados de los armarios del tiempo del miedo y el prejuicio, mis maduros recién casados, mis chicas que ya no sufren por un cuerpo equivocado. Para Juan, y Jordi, y Boris, y Judith, y Vanessa, y Jorge Javier, y Toni, y Albert, y Jesús, y Bibí, y Antonio, y Miquel y… Es un día de aplauso, por las luchas conseguidas, por los derechos conquistados, por la felicidad. También es un día para recordar que aún existen ocho países que los condena a muerte, que el rey Juan Carlos acaba de darle un premio al sátrapa de uno de ellos, el rey Abdulá de Arabia Saudí -quizá porque los intereses espurios nos interesan más que los seres humanos-, que en muchos lugares del mundo sufren oprobio, estigmatización y desprecio. Y que en la mayoría de esos países aún no tienen regulados sus derechos mínimos. La fiesta, pues, se contamina de dolor por las víctimas que aún caen y de rabia por la lucha que aún no puede cejar. Y aunque tradicionalmente se trata de una fiesta de alegría, música, griterío y baile, no podemos olvidar que nace del llanto. Brindemos, pues, por el camino recorrido en la sinuosa geografía de la libertad.


No puedo evitar, sin embargo, esbozar una incómoda pero convencida reflexión crítica, y abro la caja de los truenos con esa figura retórica tan útil y prudente como es la interrogación: ¿es necesario que toda reivindicación gay pase por un espectáculo histriónico, desmesurado y generalmente bastante vulgar, donde las carnes al sol y los labios siliconados monopolizan unilateralmente la imagen? Me resulta difícil entender por qué motivo, una lucha tan seria, tan serena y tan justa, necesita maquillarse hasta el delirio y mostrarse como si fuera la expresión barata de un cabaret de provincias. Cada acontecimiento vinculado a la reivindicación gay se sobrecarga de tanta escenificación forzada, que la normalidad que se pretende conseguir se ahoga en un mar de mal gusto, exhibicionismo delirante y una estética de puterío portuario que antes parece el preámbulo de un porno casero que una manifestación de ideas, derechos y reivindicaciones. Por decirlo de una forma popular, que mis amigos gays entenderán perfectamente, hemos luchado para que se hable de la normalidad homosexual, y este tipo de acciones nos devuelven al lenguaje de la mariconada. Como si, necesariamente, para ser gay uno tuviera que ser un redomado hortera.


Un amigo homosexual, preocupado como yo por la cuestión, me decía que es muy difícil romper la estética chillona y vulgar de este tipo de manifestaciones, sobre todo porque la imagen la acaban monopolizando los colectivos más histriónicos, no en vano la lupa televisiva siempre busca el color y el exceso. Puede que sea así, pero entonces tenemos un problema. Porque la realidad homosexual es la que dibujaba, con digna maestría, el episodio de Anatomía de Grey del pasado jueves, y la que dibujan, en su vida cotidiana, miles de ciudadanos que trabajan, viven, gozan, sufren y luchan con toda normalidad, sin necesidad de ponerse plumas en el trasero. Esa es la conquista, ver en cada homosexual al maestro de escuela, al médico, al comercial, al autónomo, al marido, al padre, al hijo que comparte nuestra sociedad, la enriquece, la vive y la construye. La manera que tenga de gozar su sexualidad pertenece al territorio amable y, a veces, inhóspito, de la intimidad. Personalmente, no quiero ver homosexuales. Quiero ver ciudadanos. Por ello me inquieta y -reconozco- me molesta este tipo de acontecimientos que se resumen, al final del día, en un compendio de locas vulgares haciendo todo tipo de piruetas con la lengua, las piernas, el pecho y todo instrumento que, en algún lugar lejano de la memoria, tuvo que ver con el sexo.


Por supuesto, elevo una autocrítica al periodismo, que busca desesperadamente la foto más histriónica para ilustrar este tipo de noticias. El buen periodismo también se alimenta de una buena tajada de vulgaridad. Y sin embargo, creo que tendríamos que ser más rigurosos con la imagen de un colectivo humano que ha luchado duramente, durante siglos, por conquistar el derecho a la normalidad, es decir, el derecho a ser libremente lo que quieran, y no pagar por ello. Pero también es necesario que el propio colectivo eleve su autocrítica al respecto. Homosexual o maricón, quizá esa es la cuestión.

> Berria: Faxismoa > POLONIA ABRE UNA INVESTIGACION CRIMINAL CONTRA EL PAIS

  • Polonia abre una investigación criminal contra El País
  • Libertad Digital, 2007-06-06

Segundo roce diplomático con Polonia en dos semanas. Si Zerolo pidió su expulsión de la UE por su política sexual y porque Europa “no es un banco para ir a pedir subvenciones”, la ex dirigente de ERC, Pilar Rahola ha difamado desde El País a su pueblo. Así lo entiende la Fiscalía polaca, que ha abierto una investigación criminal contra el diario de Prisa.


La fiscalía regional de Wroclaw (Polonia) ha anunciado este miércoles que ha abierto una investigación criminal por difamación al pueblo polaco contra el diario “El País” por un artículo de la periodista y ex dirigente de Esquerra Republicana de Cataluña (ERC) Pilar Rahola, quien afirma en dicho artículo que el pueblo polaco contribuyó, durante la ocupación nazi, al Holocausto de la población judía.


Rahola afirma asimismo en su texto que los polacos son los más grandes antisemitas del continente europeo y añade que, aunque la responsabilidad de los campos de exterminio recae sobre los alemanes, en Polonia coincidieron dos corrientes del antisemitismo: la que generó el hitlerismo y la que emanó del cristianismo.


Además, afirma que “Polonia es clave en la maldad que culminó con el exterminio de dos tercios de la población judía europea”, y añade que “hace alarde de homofobia, plantea leyes que recortan derechos fundamentales, y pone bajo sospecha a miles de ciudadanos”.


Penas de hasta tres años de cárcel

En una carta a la redacción de “El País”, la embajadora de Polonia en España, Grazyna Bernatowicz protestó contra lo que calificó de formulaciones ofensivas. El fiscal Jakub Przystupa declaró que se ha abierto la investigación “porque el artículo en cuestión puede constituir efectivamente una difamación del pueblo polaco, pero antes de que demos otros pasos encargaremos primero que nos traduzcan el artículo para que podamos constatar sí efectivamente su contenido constituye un delito según la legislación penal polaca”.


Przystupa añadió que no se descarta que la Fiscalía polaca pida ayuda jurídica a la Fiscalía española, pero que esa posibilidad se estudiará en el futuro.En octubre del año 2005, el Sejm, la Cámara Baja del Parlamento polaco, actualizó la ley sobre el Instituto de la Memoria Nacional incorporando una norma que prevé penas de hasta tres años de cárcel “por difamación pública al pueblo polaco mediante las acusaciones de que organizó crímenes comunistas o hitlerianos o participó en su comisión”.

> Iritzia: Pilar Rahola > POLONIA Y EL SURREALISMO

  • Polonia y el surrealismo
  • El País, 2007-03-24 # Pilar Rahola

Dudaba. Pero después de una semana de insultos, ataques furibundos, petición de conflicto diplomático y hasta alguna amenaza, resolví que era necesario este segundo artículo. Para matizar lo que no hubiera sido entendido. Para poner finura al trazo grueso que pude dibujar. Y para ratificarme en los aspectos más críticos de mi análisis de la semana pasada. De manera que no sé si este artículo me dejará en paz con Polonia, pero dejará en paz mi conciencia. Por cierto, suerte que vivo en una democracia que entiende, seriamente, lo que es la libertad de expresión, porque si por un humilde artículo mío, el Gobierno polaco quiere montar un conflicto diplomático, ¿qué tendría que hacer el Gobierno español, con la cantidad de insultos que ha recibido España, en estos días, en prensa diversa? Me dicen, por ejemplo, que los artículos antiespañoles -mentando incluso a Isabel la Católica- de diarios como Rzeczpospolita, han sido de antología. Pero, por suerte, y a diferencia del Gobierno polaco, el español no se dedica a practicar la caza de brujas contra el periodismo. Ni tan sólo contra el periodismo soez. Sin ánimo, pues, de atizar ninguna polémica -que personalmente no me resulta grata-, pero con la voluntad de afinar en lo posible los aspectos más sensibles del debate, asumo la responsabilidad de volver a hablar de Polonia. Lo hago con esta previa, nacida de la más radical honestidad. Si, a pesar de mi falta de voluntad para ello, hubiere ofendido a gente honesta, democrática y luchadora de las libertades de Polonia, a ellos, y sólo a ellos, les ofrezco mis disculpas. A los que defienden la homofobia, el antisemitismo, la persecución de ciudadanos por sus credos, a los que combaten las teoría de Darwin y quieren reducir los derechos civiles, a éstos ninguna disculpa. Sólo mi desprecio.

Vayamos por partes, para empezar con la más delicada: el antisemitismo. Releído con atención, mi artículo pudo aparentar una simpleza que no está en mi pensamiento: que Polonia era culpable del Holocausto. He escrito tanto sobre ello, que quizá consideré sobreentendido lo que, sin duda, no se entendió, y éste es un punto serio. No. No sólo conozco la importancia de la resistencia polaca -y de su sufrimiento-, sino que la he citado en más de una ocasión. También tengo clara la responsabilidad unívoca de los nazis en el asesinato masivo de judíos. Lo que quise decir, y sostengo, es que el antisemitismo cristiano de siglos fue clave en la creación de un estigma judeofobo que, al final del camino, desembocó en Auschwitz. Es decir, que no se puede entender el antisemitismo nazi si previamente no analizamos críticamente el antisemitismo cristiano de siglos. Un antisemitismo que empezó a mostrarse, ciertamente, en la España medieval, y que contaminó la historia de Europa. El antisemitismo cristiano polaco formó parte de esta contaminación, en algunos momentos, de forma muy relevante. A partir de aquí, por supuesto, hubo de todo: polacos víctimas -entre ellos los polacos judíos-, polacos resistentes y grandes luchadores, y polacos colaboracionistas. Pero recordar la lucha polaca contra los nazis no invalida el fuerte antisemitismo polaco que aún recuerdan, con dolor, muchos supervivientes de la Shoá. Y que explica la tragedia del pogromo de Kielce. Si eso es el pasado, la preocupación por un creciente antisemitismo actual, incluso referenciado en el informe del Parlamento Europeo sobre xenofobia, es el presente. En Polonia está resurgiendo el antisemitismo, a pesar de que casi no viven judíos. Me remito a los estudios oficiales, a la preocupación del Vaticano por las soflamas enloquecidas de Radio María, al antisemitismo desaforado de Tadeuz Rydzyk, a los discursos de algunos líderes de la Liga de las Familias Polacas (hoy en el Gobierno), e incluso a la encuesta que, en su momento, hizo el American Jewish Committee. Polonia preocupa respecto a esta cuestión. Lamentablemente, no es una opinión, es un dato.

Sobre antisemitismo esto es lo que quería decir, tanto en el anterior artículo como en el actual. Si se entendió mal, sólo es mi culpa. Si se manipuló, es culpa ajena. Pero había mucho más, y sorprendentemente ello no ha inquietado ni a las autoridades polacas, ni a los ruidosos críticos que me han surgido. Lamentablemente, el problema de la Polonia actual no es esta humilde escribiente, incluso con sus errores, por mucho que me cuelguen en la plaza pública. Su problema es la imagen que proyecta un Gobierno que amenaza con perseguir a homosexuales, que abiertamente se muestra homófoba, que quiere poner bajo sospecha a miles de ciudadanos, que ha sido amonestada por la Unión Europea, tanto en cuestiones civiles como medioambientales, y que permite la libre apología de ideas de extrema derecha. Por supuesto, en Polonia existen opositores a esta locura, masa crítica, periodistas, intelectuales, sin duda. Pero ¿quién secuestra la imagen de un país, sino su Gobierno oficial? Y ese Gobierno muestra, respecto a los derechos humanos, su peor cara. Polonia, estimados polacos, preocupa.

Finalmente, lamento los desencuentros, especialmente con la gente a la que respeto. Uno no siempre es celoso con la sensibilidad ajena, y no tengo duda de que mi artículo pecó de brocha gruesa en algún tema histórico. No fue la intención, pero fue mi culpa. Sin embargo, dudo que ello justifique el antiespañolismo desaforado de algunos artículos, las proclamas ultranacionalistas y los insultos antisemitas que aún recibo en mi web. Si parte de tanta energía la dedicaran ustedes al pensamiento crítico con su propio país, quizá todo iría mejor. La caza de brujas ya no existe en Europa, aunque no se hayan enterado en Radio María.

> Berria: Politika > PILAR RAHOLA LAMENTA "SER INSTRUMENTALIZADA POR ALGUNOS GRUPOS POLITICOS" POLACOS

  • Pilar Rahola lamenta ‘ser instrumentalizada por algunos grupos políticos’
  • Terra, 2007-03-21

La periodista, ex diputada de ERC y ex concejal barcelonesa, Pilar Rahola, ha afirmado hoy que lamenta ‘ser instrumentalizada por algunos grupos políticos’, en referencia a las reacciones que ha producido en el Gobierno de Polonia la publicación de un artículo suyo en el diario El País.


En un artículo de la edición catalana de este periódico, Rahola denuncia el presunto antisemitismo y discriminación en Polonia y tacha a la Iglesia católica de ese país de ‘fundamentalista’, a lo que el portavoz y ministro de la Presidencia de la República polaca, Maciej Lopinski, ha declarado hoy en la emisora de radio privada Radio Z que ‘el artículo provocará una reacción diplomática polaca’.


En declaraciones a Efe, Rahola ha señalado que ha ejercido ‘el derecho a opinar, necesario en Cataluña y en Polonia’, y ha recordado que siempre se ha mostrado ‘crítica con el antisemitismo y con el antisemitismo católico’.


La periodista se ha mostrado ‘preocupada por la salud democrática’ polaca y ha instado a las autoridades polacas a que ‘no conviertan el asunto en una caza de brujas’.


Rahola ha aclarado que no critica al país, sino ‘a su gobierno’ por la ‘preocupante situación en que se encuentran los homosexuales y los ciudadanos de los que ahora se investiga su pasado’ por si colaboraron con el régimen comunista polaco, desaparecido hace 17 años.


También ha añadido que duda ‘de que el artículo provoque ninguna reacción diplomática’, tal y como ha asegurado hoy el portavoz del Gobierno polaco, ya que el Gobierno español ‘no tiene la culpa de lo que yo escriba’.


‘Quizás el Gobierno de Polonia debe aprender qué significa democracia’, ha declarado Rahola, que ha calificado de ‘ridícula’ y ‘pura retórica nacionalista para inflamar las masas’ la reacción de Varsovia.


Finalmente, la periodista ha señalado que no es ‘más crítica con los polacos que con los españoles, y aquí no he tenido nunca ningún problema’, y se ha preguntado qué pasaría si el Gobierno español ‘tuviera que tomar medidas diplomáticas cada vez que algún periódico extranjero escribe algo que no le gusta’.

> Berria: Politika > POLONIA: LAS AUTORIDADES SE MUESTRAN INDIGNADAS CON UN ARTICULO DE PILAR RAHOLA

  • Autoridades polacas se muestran indignadas con un artículo de Pilar Rahola
  • Terra, 2007-03-21

Las autoridades polacas expresaron hoy su indignación por un artículo de la periodista y ex diputada de Esquerra Republicana de Cataluña Pilar Rahola en el que denuncia el presunto antisemitismo y discriminación en Polonia y tacha a la iglesia católica de ese país de ‘fundamentalista’.


El portavoz y ministro de la Presidencia de la República, Maciej Lopinski, declaró hoy en la emisora de radio privada ‘Radio Z’ que ‘el artículo provocará una reacción diplomática polaca’.


‘Me siento de verdad profundamente conmocionado con la aparición de semejante texto’, recalcó Lopinski en relación al artículo, publicado en la edición catalana del diario ‘El País’.


‘Rzeczpospolita’, uno de los principales periódicos polacos, incluye hoy una reseña del artículo de Pilar Rahola en el que se asegura que Polonia es una amenaza para la democracia, se critica duramente a sus gobernantes y se pide a la Unión Europea que adopte medidas contra la actual política de Varsovia.


El comentarista de ‘Rzeczpospolita’ Piotr Semka, de ideas conservadoras, señala que el artículo de opinión de Pilar Rahola ‘bate todas las marcas de las ofensas divulgadas en el mundo contra Polonia’.


‘La señora Pilar Rahola describe una sangrienta dictadura católica en la que no impera la ley, un país maldito en el que se practica un antisemitismo milenario’, escribe Semka.


El comentarista señala que ‘las barbaridades escritas por Rahola son el reflejo del nivel de conocimiento sobre Polonia que hay en muchos lugares de Europa’.


El ex ministro de Asuntos Exteriores y ex preso del campo nazi de exterminio de Auschwitz Wladyslaw Bartoszewski declara en el mismo diario que no tiene la intención de comentar ‘todas las tonterías que se publican en el mundo sobre el antisemitismo polaco’, al tiempo que subraya que ‘los españoles conocen muy bien las raíces del antisemitismo cristiano, ya que expulsaron a los judíos de España durante el reinado de Isabel la Católica’.


El ex presidente de la Knesset y ex embajador de Israel en Polonia, Szewach Weiss, se limita a constatar en ‘Rzeczpospolita’ que los periodistas extranjeros no son competentes para valorar la historia de los judíos en Polonia.


‘Es verdad que en la Edad Media se intensificó el antisemitismo, pero no menos verdad es que eso se debió a la actitud de entonces de la corte española’, dijo Weiss.


El político israelí admitió que en Polonia también hay manifestaciones de antisemitismo, ‘pero no mayores que en muchos otros países y Polonia no es un enclave de singular odio contra los judíos’.


El portavoz del ministerio de Asuntos Exteriores, Andrzej Sados, declara en ‘Rzeczpospolita’ que ‘todos tienen derecho a manifestar sus ideas y opiniones, pero eso es una cosa y otra es calumniar’.


‘Cuando sucede algo así el deber del embajador de Polonia es salir al paso de semejantes situaciones con el fin de enderezar lo que haya sido falsificado o deformado’, concluye Sados.

> Iritzia: Pilar Rohala > POLONIA AUN HIELA EL ALMA

  • Polonia aún hiela el alma
  • El País, 2007-03-17 # Pilar Rahola

Las noticias se sobreponen como si fueran una maldición, algún tipo de magia negra que la historia perpetra contra ese viejo país, desde hace décadas. Lo cierto es que Polonia, a pesar de sus muchas grandezas, ha protagonizado algunas de las miserias más terribles de la historia reciente, y ahí están, en el agujero negro del recuerdo, sus campos de exterminio. Es cierto que fueron una responsabilidad alemana, que Polonia fue un país ocupado, y que muchos resistentes polacos lucharon contra los nazis (sin olvidar que los nazis tuvieron más dificultades para destruir la resistencia del gueto de Varsovia que para ocupar Polonia). Pero también lo es que en Polonia se unificaron las dos corrientes de la maldad antisemita: la nazi y la de base cristiana. Alguien escribió que Polonia inventó el odio a los judíos, incluso antes de tener judíos, y de hecho, es el único país del mundo que llevó a cabo un pogromo contra los pocos supervivientes del Holocausto, cuando intentaron volver a sus casas. En Uruguay conocí a una mujer que había sobrevivido a la Shoá y después al pogromo de Kielce, en 1946, donde murieron 42 judíos sólo porque se difundió el rumor de que estaban usando la sangre de niños cristianos para rituales. Los pocos que quedaron formaron parte de la Brihah, la migración masiva de cientos de miles de judíos que habían sobrevivido a los campos, pero temieron no sobrevivir al odio polaco, un odio que no había desaparecido después del exterminio de seis millones de judíos europeos. Vicenç Villatoro siempre explica un chiste, para ilustrar la normalidad del antisemitismo polaco: “El Gobierno de Polonia publica un bando en el que anuncia la expulsión de todos los judíos y todos los ciclistas de su país. Dos polacos leen el bando, y uno le pregunta al otro: ‘¿Por qué los ciclistas?”. Los expertos aseguran que, a pesar de haber quedado limpios de judíos, los polacos continúan siendo los más antisemitas de Europa. Un antisemitismo que se forjó en la teoría del deicismo cristiano, y que durante siglos convirtió a los judíos -a pesar de su ingente papel en el ámbito de las ciencias y las letras- en un pueblo execrado, perseguido cual rata de cloaca y masacrado. Sin ninguna duda, Polonia es clave en la maldad que culminó con el extermino de dos tercios de la población judía europea.

Ahora llegan noticias de ese país, que nuevamente hablan de persecuciones, sospechas generalizadas y una influencia de la Iglesia católica que va mucho más allá de la espiritualidad, y ahonda en la pésima tradición del fundamentalismo religioso. Parece evidente que, después de su etapa comunista, Polonia está viviendo una euforia religiosa que liga, lógicamente, con el papel que la Iglesia tuvo en la resistencia anticomunista, con Wojtyla entre muchísimos otros. Pero hay una diferencia muy sustancial entre regresar a antiguos dogmas religiosos (algo parecido ocurre en los territorios ex comunistas de fe ortodoxa) y convertir ese dogma en un efectivo ariete contra los derechos fundamentales. En este sentido, la Polonia actual, gobernada por esa sin par pareja de hermanos, envía serias alarmas al mundo libre. La última, la que ha aventurado el ministro Marek Orzechowski insinuando que los maestros de orientación homosexual no podrán educar a los niños polacos. En una matización posterior, ha asegurado que sólo serán excluidos los que “hagan promoción de su homosexualidad”, sin explicar muy bien qué significa dicha promoción. Por supuesto, anuncia que la apología o propaganda de la homosexualidad será castigada por ley. Todo ello, la misma semana en que 700.000 polacos deberán confesar si colaboraron con el régimen comunista. Es decir, en una sola semanita -¡vaya semanita!-, un país miembro de la Unión Europea hace alarde de homofobia, plantea leyes que recortan derechos fundamentales, y pone bajo sospecha a miles de ciudadanos. Y todo ello sin que los países colegas de la Unión se hayan despeinado ni un solo pelo.

La reflexión es doble. Respecto a Polonia, constatar las muchas enfermedades endémicas que castigan severamente la buena salud democrática de ese país. Como resulta evidente, Polonia ha entrado en Europa, pero aún no ha hecho los deberes, seriamente, sobre las obligaciones democráticas que ello significa. Es decir, sólo ha entrado en la Europa económica, sin mostrar indicios de ser exigente con la Europa de los derechos. La otra reflexión, sobre esa Unión Europea que se muestra algo eficaz en términos económicos, que incluso berrea un poco cuando le pisan algún callo, pero que en realidad naufraga sonoramente cada vez que tiene que mostrar dureza con la violación que sufren los derechos humanos en tantas zonas del mundo. Ya no hablo del silencio malvado que Europa proyecta sobre las tragedias africanas y sus muchas guerras, algunas nutridas por armas europeas. Europa, por ejemplo, no existe en la denuncia de Darfur. Tampoco digo nada del síndrome chamberliano que padece respecto al conflicto con Irán, o a su relativismo cómplice cuando hay que denunciar las maldades del fundamentalismo islámico. Europa sólo chilla cuando tiene que chillar contra los yanquis. Pero los otros gritos se le ahogan en las gargantas de los muchos intereses que quiere proteger, y en esas gargantas, los derechos humanos no existen. Sin embargo, lo que ya sería el colmo de la hipocresía y, consecuentemente, de la maldad política es que permitiéramos que un miembro de la Unión persiguiera a los ciudadanos homosexuales o planteara persecuciones masivas, y no tuviera ninguna consecuencia. ¿Con qué cara debatiremos los derechos democráticos con la Turquía islámica, si permitimos vulnerarlos severamente con la Polonia católica?