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> Iritzia: Juan José Millás > PELICULAS

  • Películas
  • El País, 2008-01-04 # Juan José Millás

La plaza estaba llena de parejas con niños que habían acudido al reclamo de una organización cuyos miembros tienen prohibido casarse y procrear. Aunque el acto pretendía ser una exaltación del matrimonio cristiano, los que ocupaban la tarima eran, sin excepción, solteros (como si un analfabeto voluntario pregonara las bondades de la lectura). Al poco, no obstante, de que comenzara el acto, dejó de exaltarse el matrimonio cristiano para censurar todos los demás. Nadie prohibía a los manifestantes casarse por la Iglesia ni atarse a la misma pareja durante el resto de su vida ni tener cuantos hijos les viniera en gana. Tampoco se les obligaba a utilizar el condón ni ningún otro método anticonceptivo. Pero les molestaba enormemente la existencia de uniones que no se atuvieran a las normas de la suya.

Los solteros de la tarima, que vestían, por cierto, de un modo muy llamativo (luego dicen que los adolescentes les provocan), solicitaron la abolición del divorcio y del laicismo y exigieron al Gobierno más libertad sin que a nadie, entre los congregados, le pareciera incoherente que se pidiera una cosa y su contraria. Si añadimos que había muchas personas mayores, que habían conocido el franquismo, así como el papel represor de la Iglesia a lo largo de aquellos 40 años, el espectáculo resultaba delirante (y sombrío, para decirlo todo). Aparecieron en la tele monjitas muy ancianas que posiblemente habían sido carceleras de aquel régimen (trabajo que algunas órdenes religiosas aceptaron con gusto) y sacerdotes con canas que quizá habían asistido a más de una ejecución. En otro canal, Fraga Iribarne, palanganero mayor del Caudillo y presidente del PP, corroboró que la dictadura había sido un remanso de paz. Antes de irnos a la cama vimos una película de indios y americanos en la que los indios eran los malos.

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> Berria: Faxismoa > FRAGA ASEGURA QUE EL FRANQUISMO SENTO LAS BASES PARA UNA ESPAÑA CON MAS ORDEN

  • Fraga: “El franquismo ha sentado las bases para una España con más orden”
  • Asegura que personajes históricos del calibre de Franco deben ser juzgadas cuando haya pasado tiempo
  • Cadena Ser, 2007-12-30 # Servimedia

El ex presidente de la Xunta y actual senador del Partido Popular, Manuel Fraga, considera que los cuarenta años de dictadura franquista sentaron “las bases para una España con más orden”.


“Teniendo en cuenta lo que fue nuestro siglo XIX y las dos Repúblicas, el franquismo ha sentado las bases para una España con más orden”, señala el histórico dirigente del Partido Popular en una entrevista publicada hoy por el “Faro de Vigo”.


Fraga cree que no se puede “comparar la etapa de Franco con los años 30” e incluso recuerda un episodio de esa época: “El diputado Calvo Sotelo, que haciendo uso de su libertad de palabra criticaba al Gobierno, fue asesinado en un coche de la policía por un capitán de la guardia civil de uniforme rodeado de guardias de asalto. Aquello no era vivir”.


Al hablar sobre el dictador, Fraga recuerda lo que en su día ocurrió en Francia con Napoleón. “Al día siguiente de matarlo era un estropajo, pero cincuenta años después lo trajeron a París, es su héroe nacional y preside el Panteón de Hombres Ilustres”, señala. “No digo que con Franco vaya a ocurrir lo mismo, sino que las figuras de ese calibre no se pueden juzgar hasta pasado un cierto tiempo”, añade.


Las polémicas declaraciones de Jaime Mayor Oreja, que se negó a “condenar el franquismo porque “forma parte de la historia” son respaldadas “completamente” por Fraga. “Compare la etapa de Franco con los años 30. El diputado Calvo Sotelo, que haciendo uso de su libertad de palabra criticaba al Gobierno, fue asesinado en un coche de la policía por un capitán de la guardia civil de uniforme rodeado de guardias de asalto. Aquello no era vivir”.


Aznar y Zapatero
Fraga dedica en su entrevista generosos halagos hacia José María Aznar por “utilizar a los mejores hombres y a las mejores fórmulas” y sólo le reprocha “su honradez al anunciar antes de haber ganado las elecciones que no repetiría un tercer mandato”.


De Zapatero, critica “todo esto de la Memoria Histórica” por ser “un intento de ir a contramarcha de la historia”. “Algunas cosas se harán menos mal, pero en conjunto la gestión no es buena. Y sobre todo, tratar con los terroristas”.


Tras las elecciones de marzo, Manuel Fraga afirma saber dónde está su sitio: “Yo tengo 85 años, al servicio de Galicia y de España. En esa situación tengo que estar. El Senado no es mal sitio para mí”.

> Berria: Literatura > JUAN COBOS WILKINS CHARLA SOBRE "EL MAR INVISIBLE" CON LOS PRESOS DE HUELVA

  • Juan Cobos Wilkins charla sobre su último libro con los presos de Huelva
  • Los internos se identifican con la vida en prisión descrita en ‘El mar invisible’
  • El País, 2007-12-19 # M.J. Albert · Huelva

Mientras leía, César Martín se preguntaba si, como él, quien había escrito el libro que sostenía, conocería la cárcel. Porque César, de 32 años, sabe bien lo que es, pues lleva algo más de un año encerrado en la prisión de Huelva, el triste hogar en el que ha recalado tras dejar su Venezuela natal. Ayer, entre los muros de la cárcel, César tuvo la extraña suerte de poder preguntarle a viva voz por su duda al mismo escritor. “¿Usted ha estado alguna vez en la cárcel? Porque cuenta las cosas como si todo esto lo hubiese vivido”, le inquirió.


“He de reconocer que casi se me saltan las lágrimas cuando le escuché”, decía pocas horas más tarde el autor, Juan Cobos Wilkins, que había acudido a la cárcel de Huelva para presentar y hablar con algunos de los internos sobre su último libro, El mar invisible, editado por Plaza y Janés. Una obra que, según apunta el mismo autor, “trata sobre el amor, las soledades, la libertad y el poder sanador de las palabras”. Y de fondo, el tenebroso paisaje de la represión de los homosexuales en las cárceles franquistas.


¿Qué mejor que presentar un libro de temática carcelaria en la misma cárcel? Pero la de Huelva no es un penal cualquiera. Se trata de un centro que casi se ha convertido en una segunda casa para Wilkins, pues allí existe un club de lectura de los presos que fue bautizado con su nombre el mismo año en que publicó su primera novela, la famosa El corazón de la tierra. Desde entonces, las visitas del novelista y poeta han sido regulares. Y emocionantes. Y la de ayer, no fue para menos.


Del término de cada una de las charlas que Wilkins ha mantenido con los presos, el escritor dice que se llevaba sus miradas, sus palabras, sus silencios. “Creo que llegué a establecer un código con estos elementos. Es una especie de sexto sentido que, aunado con los otros cinco, permite ahondar en la capacidad de compenetración con el otro”, afirma. Algo que, desde luego, no han pasado por alto los internos de la cárcel, que reconocían expresiones y situaciones en el texto propias del régimen en el que viven.


Situaciones como la soledad, que es uno de los detalles que destaca José Castro Betancor, un canario con 12 años de cárcel encima, ocho de ellos en Huelva. “Es una obra muy valiente al atreverse a hablar de aquellas cárceles de los 60 y los 70. Yo conocí la cárcel en 1979 y me ha sorprendido lo bien captado que está ese ambiente. De cómo se vivía la soledad, de cómo se trataba la homosexualidad. Es una novela muy valiente”, afirma el interno.


La intensidad con la que los 50 presos que escucharon ayer al autor habían leído el libro, no sorprendió a Wilkins. “Conozco la profundidad con la que leen y comentan los libros. Y sé que la complicidad con la que han leído éste, es enorme”. A ellos dedicó ayer pausadas dedicatorias a todo color en los volúmenes de El mar invisible. Y esperó que, a través de sus páginas, los presos pudieran “volar lejos”.

> Berria: Telebista > LAS MENTIRAS DE "CUENTAME…"

  • Una fotógrafa se querella contra la productora
  • Las mentiras de ‘Cuéntame…’
  • La auténtica Joana Biarnés, indignada porque se dijo que su padre era un agente corrupto
  • El Mundo, 2007-12-18 # Lola Sanpedro · Palma

La historia de España se puede leer del derecho y del revés. Y también se puede adornar con ‘mentirijillas’ por puro onanismo televisivo. Este es el caso de ‘Cuéntame…’, cuyos guionistas moldearon a su antojo la historia de Joan Pla y Joana Biarnés, reportero y fotógrafa del desaparecido diario Pueblo. Los dos últimos capítulos levantaron ampollas, sobre todo a ella, que el viernes presentará una querella contra la productora de la serie.


En el capítulo en cuestión, el hijo de los Alcántara se va de corresponsal de Pueblo a Portugal y allí conoce a Joana Biarnés, una fotógrafa desenfadada que vive un tórrido romance con el joven reportero. “Nunca fue mi novia y jamás nos acostamos juntos”, aclara Pla, el verdadero periodista, el que estuvo 22 meses destinado al país luso y envió “582 crónicas de la Revolución de las Flores”. De él no se utiliza el verdadero nombre, pero de ella sí. Aquí empieza a chirriar la historia. La Biarnés de ficción tiene un padre Guardia Civil corrupto y cubrió la Marcha Verde marroquí. La real, la primera reportera gráfica de España, no pisó Portugal ni Marruecos y tuvo un padre “amoroso, un fotógrafo de Terrassa que lo único que le dijo a su hija es que fuera donde quisiera pero nunca hiciese nada que le hiciera bajar la mirada”. Ese es el punto más doloroso para esta catalana que durante muchos años ha regentado uno de los restaurantes más selectos de Ibiza, Ca Na Joana.


Tanto Pla como Biarnés están dolidos por la imagen del diario Pueblo que se da en la serie. “Lo pintan como una birria de redacción, como una habitación con cuatro mesas, cuando en realidad ocupábamos 12 plantas de un edificio y éramos más de 200 personas en nómina”, aclara Pla, ya retirado en su Mallorca natal, mientras explica que en la serie les pintan “como unos periodistas callados, temerosos. Sin embargo, allí se hablaba en voz alta. Había cronistas que no callaban ni una. De aquellas páginas salieron conocidos militantes comunistas como Raúl del Pozo”.

> Berria: Futbola > EL ESCUDO DEL BARÇA, RETOCADO

  • El escudo del Barça, retocado
  • En algunos países árabes circulan camisetas falsificadas sin la cruz de Sant Jordi, por el significado cristiano que tiene para ellos
  • El País, 2007-12-15 # EFE · Barcelona

El escudo del Fútbol Club Barcelona en las camisetas ha sido modificado en algunos países árabes debido a la cruz roja sobre un fondo blanco que aparece en la parte superior izquierda del mismo, y que se sustituye por una línea roja vertical sobre un fondo blanco para no herir sensibilidades.


Según publica el diario La Vanguardia, en algunos países como Arabia Saudí circulan camisetas del club barcelonés falsificadas sin la cruz de Sant Jordi en su parte izquierda superior por el significado cristiano que tiene en estos países. La cruz de Sant Jordi no resulta soportable, indica el rotativo, en ciertos países y ámbitos de religión musulmana y de hecho en las zonas con normas más rígidas, como Arabia Saudí, han optado por eliminar la cruz del primer cuarto del escudo.


El Inter, un caso similar
Recientemente, el Inter de Milán indignó en Turquía al jugar su partido de Liga de Campeones ante el Fenerbahçe de Estambul con una camiseta blanca en la que había una enorme cruz azul en la parte delantera. La prensa turca criticó la vestimenta italiana e incluso el abogado Baris Kaska pidió a la UEFA una sanción para el club milanés por exhibir una cruz “que recuerda la de los templarios y las cruzadas”.


El actual escudo del equipo azulgrana quedó establecido en 1906, y ha tenido algunos retoques desde entonces, principalmente debido al régimen franquista, que redujo la ”senyera” (bandera) situada en la parte superior derecha en dos rayas rojas y tres amarillas y cambió el nombre, pasando de llamarse ”Fútbol Club Barcelona” (FCB) a ”Club de Fútbol Barcelona” (CFB).


Las cuatro barras catalanas del escudo barcelonista se restablecieron en 1946, mientras que las siglas de ”FCB” se volvieron a poner en el escudo en el año 1974.

> Iritzia: Jordi Gracia > LA PLACA Y LA HISTORIA

  • La placa y la historia
  • El País, 2007-12-15 # Jordi Gracia · Catedrático de Literatura Española en la UB
  • Para Cristóbal Fernández, arquitecto

No será siempre todo igual y algún día nos vamos a ver explicando a los nietos y a los hijos que quitamos las placas porque eran celebraciones del franquismo. Pero no lo van a entender. Preguntarán sin vergüenza si existió alguna vez el Instituto Nacional de la Vivienda y si eran o no eran ellos quienes financiaron la casa en la que nacieron sus padres o sus abuelos o sus amigos o él mismo. Cuando las quitemos quedará una hermosa mentira o una sombra con agujeros, o se repintará el recuadro sobre el tocho para que por detrás se vea en tono mate y apagada la huella de un pasado que hoy nos resulta intolerable, como si nos echase en cara esa placa, con el yugo y las flechas y el nombre del Instituto Nacional de la Vivienda, en qué casas hemos vivido.


Desde luego, no sé nada bien cómo habrá de combinarse en cada caso y en tantos casos la verdad histórica y la cultura democrática pero me temo que el peor atajo es el de la media verdad o la ocultación selectiva. ¿Para qué habrá que quitar las placas? ¿Para que no las roben los coleccionistas? Me tienta subirme a una escalera para ir sacándolas de noche y de su sitio e ir ordenándolas como el coleccionista maniático que se resiste a dotar a esa placa informativa de la cuota de exaltación o de celebración franquista que la ley (con un punto de paranoia) le atribuye ahora. Casi esa hipersensibilidad viene a revelar más bien la fragilidad de fondo de nuestra conciencia democrática, la debilidad de no atreverse a contar por qué están allí esas placas y hacer en cambio lo que suele hacer la cobardía o la mala conciencia: huir, tapar, mentir, disimular. Y de igual modo que no sé bien cómo debe combinarse verdad histórica y cultura democrática tampoco sé bien si el caso de las placas servirá o no para ponernos a pensar sobre otros casos menos inocuos. Me salto la bochornosa exención que prescribe la ley para los edificios de la Iglesia (a propuesta de CiU) y me la salto porque es exactamente fer el salt (o torear) a la cultura democrática, como si en la Iglesia no hubiese encontrado Franco al más fiel, incombustible y aprovechado aliado político.


Las estatuas, las efigies, los escudos de piedra (el que se ve al final de las Ramblas de Barcelona, por ejemplo) lo complican un poco más; tienen aire a veces desafiante y hasta alguno quizá llegue a detectar la vibración aérea del vítor maldito, de acuerdo, pero ¿no es eso mucha suspicacia? ¿No es una piel demasiado sensible y delicada la de esta democracia incapaz de soportar el peso de su pasado cuando ese pasado está tan muerto como la piedra y cuando lo que tiene que hacer con él es administrarlo y explicarlo pero no esconderlo? No creo que nadie pueda creer que sacando esos escudos a martillazos va a hacer callar a gallos con micrófono o con linterna, ni veo la manera en la que pueda acallarse la turbamulta de reaccionarios subidos al carro del revisionismo histórico escondiendo una estatua en un almacén. El mejor desactivador de las nostalgias franquistas o las tentaciones de comprensión magnánima (como si hubiese sido el franquismo ese ámbito de placidez del desaparecido Mayor Oreja) es echarle todo el humor corrosivo del mundo y difundir sin cesar a ese genial Franco que aparece en Polònia los jueves en TV3 para reñir desde el infierno o desde un abandonado almacén, todavía subido a un caballo, a los disolutos demócratas y sus matrimonios antinatura o, peor aún, riñendo a estos olvidadizos demócratas que quieren rebajar la violencia despótica de su dictadura ninguneándola y no, se cargó a los que se cargó sin creer para nada que fueron excesos de sus subordinados. No sé si se podría armar ese burlesco show retro-franquista en otros sitios de España pero sí sé que se debería de poder para reír a gusto y sin miedo, ni prudencia, ni cautela, sino a carcajada abierta. ¿No será mucho más luminoso y veraz, o si prefieren didáctico e instructivo, ese Franco de coña que la omisión completa de Franco y sus pedruscos o sus placas? Hombre, no digo que llenemos los lugares en los que quedan esos restos con chistes y chascarrillos, con pantallas de vídeo con el Franco de pega diciendo burradas, pero a lo mejor se pueden dedicar unos duros a imaginar cómo hacerlo mejor que borrándolo: explicar en placas sensiblemente escritas por qué en la España del siglo XXI no hemos de tapar ese pasado, y de paso recordar también que entre los responsables de esos edificios a los que pronto les faltará la placa están algunos de los mejores arquitectos de nuestro tiempo: Coderch, de la Sota, Cabrero, y que fueron entonces peones franquistas y que fueron buenos arquitectos. Y si todo eso junto produce una mezcla que da risa porque da que pensar será que gran parte del trabajo estará hecho.

> Erreportajea: Frankismoa > LA MANO DE OBRA ROJA DE FRANCO

  • La mano de obra roja de Franco
  • Fueron condenados a muerte, pero el régimen ‘perdonó’ a los más sanos para que reconstruyeran el país. La Ley de Memoria los reconoce como víctimas
  • El País, 2007-12-09 # Natalia Junquera · Bustarviejo

Milagros Montoya señala un montón de piedras colocadas de forma extraña, intencionada, en mitad de una ladera. Las reconoce enseguida: “Esta era mi casa”. “¡Aquí vivía yo!, insiste. La vivienda está a pocos metros del antiguo destacamento penal de Bustarviejo (Madrid), un campo de trabajo donde fueron a parar cerca de 1.000 presos, la mayoría republicanos, entre 1944 y 1952. El régimen les había condenado a muerte, pero Franco les necesitaba para reconstruir el país tras la guerra. Llegaban de cárceles de toda España, y detrás de ellos, sus familias.


“Nos mudamos aquí para poder estar cerca de mi padre, porque nosotros vivíamos en Campo de Criptana, en Ciudad Real, pero había muchas más chabolas, por lo menos, 12. Nadie podía pagarse una casa de alquiler y en cada piedra hueca vivía una familia. La nuestra ha aguantado más porque la construyó mi padre en un permiso. Era muy buen albañil”, explica Milagros, orgullosa. “Le habían conmutado la pena de muerte por 30 años de cárcel para venirse aquí. Siempre decía que en Bustarviejo había vuelto a nacer porque si lo querían para trabajar, no le iban a matar”.


Milagros, que 64 años después sigue viviendo en Bustarviejo, no había vuelto por el destacamento, ni por su antigua casa, pero enseguida descubre que no ha olvidado un detalle: “Esto era la puerta, ahí iba un camastro donde dormíamos mi madre y yo, el techo lo tapábamos con matorrales”, dice desde el interior de las piedras tratando de dibujar en el aire, como un mimo. La falda de la montaña está estampada de piedras amontonadas, restos de otras casas de otras familias. “Sólo había mujeres y niños”, recuerda Milagros.


Los maridos, los padres, los presos, vivían justo enfrente, en el destacamento. “Cuando nací, mi padre ya estaba preso. Lo vi por primera vez a los cinco años”, recuerda Antonio Sin, de 69, hijo de otro de los presos que acabaron en Bustarviejo después de haber estado condenado a muerte. “Éramos de Colunga (Huesca) y hasta que nos pudimos alquilar una casa en el pueblo, pasábamos los veranos y las Navidades en las chabolitas enfrente del destacamento. Estuvimos en Bustarviejo hasta que cumplí los 16. Mi madre, que era maestra, solía darles clases a los hijos de los otros presos”.


La reciente Ley de Memoria histórica ha indemnizado por primera vez a los presos de los campos de trabajo, excluidos en 1990 de otra ley que indemnizó sólo a presos recluidos en cárceles. Ahora se les conceden 6.000 euros, pero sólo a los que estuvieron tres años como mínimo en algún campo de trabajo.


Cerca de 6.000 presos de distintos destacamentos de la zona trabajaron en las obras del ferrocarril de Madrid-Burgos. Socavaron túneles, levantaron viaductos, construyeron estaciones y tendieron vías. Por cada día de trabajo le descontaban otro de condena. Los contratistas y las industrias que empleaban esta mano de obra debían abonar a la Jefatura del Servicio Nacional de Prisiones el salario íntegro que correspondería pagar por su trabajo a un obrero libre, unas 14 pesetas al día, pero de ahí, Prisiones se quedaba con 1,50 por la manutención del preso, que se llevaba cincuenta céntimos para sus gastos. Si estaba casado “legítimamente” (por la iglesia) a su esposa le daban dos pesetas al día y otras dos por cada hijo menor de 15 años. El resto del salario del preso se ingresaba en la Hacienda estatal.


“El patronato de redención de penas por el trabajo se convirtió en uno de los más eficaces instrumentos del régimen para mantener en funcionamiento su sistema represivo”, explica Juanjo Olaizola, director del Museo Vasco del ferrocarril y experto en trabajos forzados en estructuras ferroviarias. “Permitió disponer de una mano de obra que en caso contrario hubiese permanecido ociosa en cárceles y campos de concentración, al tiempo que los jugosos excedentes que generaban los jornales de los presos y que eran ingresados en la Hacienda estatal, producían los recursos económicos necesarios para financiar la maquinaria represiva e incluso aportar lucrativos excedentes a las arruinadas arcas del Estado”.


Los destacamentos penales se ubicaron siempre cerca de las grandes obras y eran los propios patrones de las empresas adjudicatarias los que acudían a las prisiones a seleccionar al personal: los más sanos, los más fuertes. Al quedar libres, muchos de los presos siguieron trabajando para la misma obra y la misma empresa porque en sus condenas siempre iba añadido el exilio. “Eran los libertos. No podían volver a su entorno y seguían en la obra. El hijo de un preso del destacamento de Bermeo me contó una vez que nunca tuvo claro cuándo su padre había dejado de ser preso”, añade Olaizola. Así lo hicieron también los padres de Milagros Montoya y Antonio Sin en Bustarviejo.


Un equipo de arqueólogos liderado por Alfredo Rubial intenta ahora reconstruir la vida de este campo de trabajo a través de los restos bajo los edificios. Es la primera vez que en España se hace un análisis arqueológico de un campo de concentración. El alcalde de Bustarviejo, José Manuel Fernández (IU), está ilusionado con la idea de convertirlo en un museo de la Memoria.