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> Ititzia: Noticias de Gipuzkoa > "LA OTRA" IGLESIA

  • “La otra” Iglesia
  • Noticias de Gipuzkoa, 2008-01-05 # Editorial

Era previsible que tras la movilización de apoyo al nacionalcatolicismo llevada a cabo el pasado domingo en Madrid se escuchasen algunas voces discrepantes, voces salidas de la misma fe católica aunque acalladas por los medios de comunicación de la Iglesia. Cristianos de base, teólogos de la liberación y hasta algún obispo han venido manifestando su rechazo a que la fe sea rebajada al nivel de una ideología, a que se utilice como azote de un Gobierno y para pedir encubiertamente el voto para un partido. Esas voces discrepantes insisten en que ‘la Iglesia es plural’ y que no todos los creyentes católicos estaban representados en aquella fiesta del integrismo. No es suficiente consuelo. El análisis desapasionado de la sociología católica en este país indica que a la inmensa mayoría del censo de bautizados ni le interesó la manifestación ni se sintieron interpelados por ella. En la Plaza de Colón estuvo el sector mayoritario de la Conferencia Episcopal Española arropado por unos cientos de miles de católicos retrógrados e intransigentes identificados con el PP. Los obispos que prefirieron ausentarse, pocos, a decir verdad -entre ellos los de las diócesis vascas a excepción del presidente de la CEE y obispo de Bilbao, Ricardo Blázquez- se limitaron a no estar allí. Pero a esos obispos ausentes tampoco se les ha escuchado crítica alguna sobre las barbaridades que allá se escucharon. Constituyen una especie de ‘Iglesia del silencio’, entendido el silencio como prudencia vaticana y moderación políticamente correcta. El silencio de esos obispos supuestamente discrepantes hace un flaco favor a las críticas, a veces intrépidas y casi siempre sensatas, de esa especie de ‘Iglesia de las catacumbas’ en la que se mueven los reducidos colectivos que podrían ser definidos con el apelativo clásico de ‘comunidades cristianas de base’. De acuerdo con que la Iglesia sea plural, pero no lo es tanto la Jerarquía, la institución, que es donde reside el poder. Y esa Iglesia representada por Rouco , Cañizares y la Cope , esa Iglesia que manifestó su soberbia el pasado domingo, sofoca a cualquier otro modelo de vivir la fe católica y reduce al silencio toda discrepancia. Todo está bajo control, así que cuanto más hablen los convocantes del domingo menos se escuchará el Evangelio

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> Iritzia: Javier Pérez Royo > ACUERDOS LEONINOS

  • Acuerdos leoninos
  • El País, 2008-01-05 # Javier Pérez Royo

Los Acuerdos que regulan las relaciones entre la Iglesia Católica y el Estado español son formalmente postconstitucionales, pero materialmente no lo son. Se publicaron en el BOE el 3 de enero de 1979, es decir, cinco días después de la entrada en vigor de la Constitución española, pero la negociación de dichos acuerdos es obvio que no se produjo entre el 28 de diciembre de 1978 y ese 3 de enero.

La negociación de los Acuerdos se hizo en circunstancias completamente excepcionales. La hizo un Gobierno preconstitucional, que disponía ciertamente de la legitimación democrática que le habían proporcionado las elecciones de 15 de junio de 1977, pero que no disponía de legitimación constitucional. La norma que estaba en el origen de su mandato era la Ley para la Reforma Política, última de las Leyes Fundamentales aprobada por las Cortes del régimen del general Franco. No era, por tanto, el Gobierno de la democracia española, sino un Gobierno que se había constituido a partir de un proceso electoral sólo parcialmente democrático, en la medida en que lo había dirigido un Gobierno preconstitucional prácticamente sin control. Un Gobierno, en consecuencia, de una legitimidad democrática muy débil, cuyo mandato no podía considerarse que se pudiera extender más allá de la dirección del proceso constituyente.

Ocupadas como estaban las Cortes y la sociedad española entera en la elaboración de la Constitución, los Acuerdos se negociaron con una falta absoluta de transparencia. No se tuvo conocimiento de los mismos hasta el día de su publicación. Unos Acuerdos tan importantes para la aplicación de los artículos 16 y 27 de la Constitución, que habían sido objeto de una negociación muy intensa en el proceso constituyente, deberían haber sido negociados con la Constitución en vigor, por un Gobierno constitucional y bajo el control de unas Cortes constitucionales. Las Cortes Constituyentes fueron burladas por el Gobierno con la negociación de estos Acuerdos. También las primeras Cortes constitucionales. A las primeras se les metió el gol a posteriori. A las segundas a priori.

Los Acuerdos son, pues, muy deficitarios desde una perspectiva democrática. No los negoció y suscribió un Gobierno plenamente democrático y fueron negociados y aprobados a través de un procedimiento completamente ademocrático, por no decir plenamente antidemocrático. Justamente por eso existen y por eso se maniobró de la manera que se hizo, de tal manera que fueran publicados tras la entrada en vigor de la Constitución y que, en consecuencia, tuvieran la apariencia de ser constitucionales, pero sin que intervinieran en los mismos los órganos constitucionales que deberían haber intervenido en su negociación y aprobación de acuerdo con lo establecido en la propia Constitución. Los Acuerdos de 3 de enero de 1979 son de constitucionalidad más que dudosa, por decirlo de manera suave, y son Acuerdos que, en ningún caso, habrían podido ser suscritos por un Gobierno constitucional bajo el control de unas Cortes constitucionales.

Hay un vicio de origen en el proceso de formación de la voluntad que se plasma en los citados Acuerdos. El Gobierno español carecía de legitimidad para negociar lo que negoció y la Iglesia aprovechó la posición de debilidad de dicho Gobierno para conservar en lo posible la posición que había conseguido tener bajo el régimen del General Franco. Los Acuerdos de 3 de enero de 1979 no son acuerdos de la democracia española, es decir, Acuerdos a través de los cuales la democracia española pacta con la Iglesia católica su lugar en el nuevo sistema político democrático, sino que son Acuerdos en los que se impone a la democracia española desde fuera de ella misma una determinada posición de la Iglesia católica.

Por dignidad democrática, esos Acuerdos deberían ser denunciados y ser sustituidos por otros, en los que además de responder plenamente al contenido de la Constitución de 1978, se respetara el procedimiento que se tiene que respetar en la elaboración de este tipo de normas. La posición de la Iglesia católica en la democracia española no puede estar regulada por unos Acuerdos en los que es tan intensa la huella del régimen del General Franco.

Mientras esto no ocurra, las relaciones entre la Iglesia y el Estado van a continuar siendo un problema para la democracia española. Para el Estado y también para la Iglesia. Un pacto leonino es siempre un mal pacto y, en consecuencia, acaba creando más problemas de los que presuntamente viene a resolver. Y los Acuerdos de 3 de enero de 1979 son leoninos. Nunca se habrían podido suscribir en condiciones democráticas, esto es, con un mínimo de equilibrio entre las partes que suscriben el pacto. De ahí que cuanto más pronto sean denunciados y sustituidos por otros, tanto mejor.

> Berria: Eliza > RICARDO BLAZQUEZ PIDE AHORA NO CULPAR DE LAS DIFICULTADES A DERECHAS O IZQUIERDAS

  • El líder de los obispos pide ahora no culpar de las dificultades “a derechas o izquierdas”
  • Blázquez censuró la legislación que “quiere desacreditar a la familia cristiana”
  • El País, 2008-01-05 # Juan G. Bedoya • Madrid

La consigna es el mutismo total. Los obispos no dirán nada sobre la reacción del Gobierno y el PSOE ante la masiva concentración del domingo pasado en favor de la familia cristiana en la madrileña plaza de Colón. Tampoco hablará la Conferencia Episcopal, con el argumento de que no fue este organismo quien convocó el acto. Pero su presidente, el obispo de Bilbao, Ricardo Blázquez, deslizó ayer una idea que puede ser tomada como un mensaje general ante el revuelo causado por los ataques lanzados contra el Ejecutivo socialista por los cardenales Antonio María Rouco (Madrid), Antonio Cañizares (Toledo) y Agustín García-Gasco (Valencia).

Hay que “llevar con dignidad las dificultades” que se encuentran en la misión apostólica “sin echar las culpas a derechas o izquierdas”, aconsejó el obispo presidente de la Conferencia Episcopal ante cientos de sacerdotes catalanes.

Ricardo Bláquez hizo esa recomendación en la cuarta jornada del clero -sacerdotes y diáconos- de las diócesis de Barcelona, Sant Feliu de Llobregat y Terrassa, los tres obispados que forman la archidiócesis. Entre las dificultades, el presidente de la Conferencia Episcopal destacó la frialdad y el desinterés en relación a la vivencia religiosa, y la debilidad institucional y la fragilidad de la Iglesia en la sociedad actual.

Blázquez tituló su discurso Situación actual de los sacerdotes a la luz de los discípulos de Emaús. La jornada estuvo presidida por el cardenal arzobispo de Barcelona, Lluís Martínez Sistach.
El obispo de Bilbao fue el primer orador en la concentración en favor de la familia cristiana celebrada el pasado domingo en la que no escatimó críticas. “Se quiere desacreditar a la familia cristiana contraponiéndola a una supuesta familia moderna” , afirmó. Después, censuró todas las leyes del Gobierno que ignoran que ignoran que no hay más modelo de familia posible que el que “está fundado por el matrimonio como unión estable entre un hombre y una mujer”.

Los obispos no hablan, pero sí sus organizaciones más poderosas, como la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP). Fundada hace un siglo por el cardenal Ángel Herrera Oria, cuenta entre sus socios con varios ex ministros y posee universidades -entre otras, la San Pablo-Ceu, en Madrid- y colegios. Su presidente, Alfredo Dagnino, confesó ayer sentir “inquietud” por el hecho de que “la prioridad de ciertas formaciones políticas sea desplegar una ofensiva contra la Iglesia católica, contra la jerarquía y contra los católicos”. Dagnino se refería a “las hostiles declaraciones de dirigentes del PSOE”.

Similar al nazismo
“El laicismo beligerante exige que la Asociación Católica de Propagandistas esté en la primera línea de la defensa de la libertad. El laicismo niega a la Iglesia la defensa de sus enseñanzas. Pretende arrojarla a una perpetua zozobra haciéndola depender de la benevolencia de quienes manejan un poder inmenso. El laicismo persigue el destierro civil de la Iglesia, añadió Dagnino. “Apoyadas en similares raíces de pensamiento determinaciones de este tipo ya se tomaron en la Alemania nazi por personas que habiendo llegado al poder por métodos estrictamente democráticos se sirvieron de él para transformar la sociedad y conformar un hombre nuevo”, aseguró Dagnino.

> Iritzia: Juan Cruz > EL JARDIN DE LA IGLESIA

  • El jardín de la Iglesia
  • El País, 2008-01-05 # Juan Cruz

La Iglesia se ha metido en un jardín porque desconoce el arrepentimiento. No se ha arrepentido aún, desde la jerarquía, de su colaboracionismo franquista. No se ha arrepentido aún de haber servido de báculo de los poderosos. No se ha arrepentido aún de haber perseguido a los homosexuales, de haber criminalizado el aborto, de haber excomulgado a los divorciados. No se ha arrepentido aún de haber impuesto sus ideas sobre Dios a la población. No se ha arrepentido aún de haber vivido del Estado, y de querer seguir haciéndolo. No se ha arrepentido de mentir sobre la asignatura Educación para la Ciudadanía, asunto en el que hace coro con el Partido Popular y otros compañeros de su viaje al pasado. No se ha arrepentido de la manifestación del último fin de semana. No se ha arrepentido de lo que dijo el otro día el Obispo de Tenerife. No se ha arrepentido de los insultos que se emiten desde sus medios contra todo aquel que se salga de la línea marcada por sus líderes mediáticos. Ayer dijo Blázquez, el presidente de la Conferencia Episcopal, que los príncipes de la Iglesia no deben culpar a otros de lo que ellos hacen mal. Me gustó lo que dijo Blázquez. Me pareció cerca de un arrepentimiento. Tiene tanto de que arrepentirse la Iglesia que no está mal que empiece ya a hacerlo.

> Erreportajea: Eliza > RUMOR DE SOTANAS

  • Rumor de sotanas
  • El intento de la jerarquía católica de politizar las relaciones de su Iglesia con el Estado choca con la Constitución
  • Público, 2008-01-05 # Gonzalo López Alba

La trinidad sociopolítica del franquismo se componía de la familia, el municipio y el sindicato. En la práctica, el cura, el alcalde y el cacique. Con los alcaldes sometidos a elección -y revocación- popular y los caciques devenidos -salvo reminiscencias pintorescas- en un mal recuerdo del pasado, pervive el rumor extemporáneo de las sotanas.

El ataque desaforado contra el Gobierno lanzado por la jerarquía católica en su misa de campaña del pasado domingo, a dos meses de las elecciones generales y de su propio proceso interno de renovación de la Conferencia Episcopal, evoca la campaña de La manzana y el gusano que la Confederación de Empresarios de Andalucía (CEA) financió en 1982 con ocasión de los comicios autonómicos de marzo en aquella comunidad, que fueron prólogo y premonición de lo que ocurriría en octubre en toda España.

La imagen de aquella campaña consistió en sustituir en el logotipo del PSOE la rosa por una manzana, de la que surgía un gusano, del que a su vez salían las caras de Felipe González y Alfonso Guerra. El triunfo de los socialistas en aquellos comicios precipitó un cambio radical en la organización empresarial andaluza.

Ahora, los purpurados católicos han venido a decir que el Gobierno socialista corrompe a los ciudadanos con una nueva versión de la manzana pecaminosa de Eva, de la que salen los gusanos del divorcio exprés o del matrimonio entre homosexuales. No se contuvieron en lo que hubiera sido legítima defensa de su concepción de lo que debe ser la familia -el motivo oficial de la convocatoria-, una institución social nuclear, tan antigua como la humanidad, a la que se refieren tres de los Diez Mandamientos.

Relectura de la Biblia
Los obispos resbalaron hasta el mitin político al poner en entredicho la naturaleza democrática del Ejecutivo, invocando la Constitución desde una lectura que es sectaria en su esencia al obviar que en ella se consagra el carácter aconfesional del Estado español.

Obviaron el detalle con el mismo autismo que demuestran ante la realidad insoslayable de que debajo de cada sotana hay un hombre, hecho de la naturaleza que resulta determinante para explicar el fortísimo descenso en el número de las vocaciones religiosas o el por qué en las tres últimas décadas del siglo XX se calcula que en España abandonaron la Iglesia católica no menos de 25.000 sacerdotes diocesanos y religiosos. Caminan sobre las aguas con la misma naturalidad con que ladean preceptos bíblicos básicos.

Dice la Biblia: “Mejor es resbalar en empedrado que resbalar con la lengua” (Eclesiástico 20, 18). Y también: “No seas atrevido con tu lengua, ni perezoso y negligente en tus obras” (Eclesiástico 4, 29). Si el atrevimiento en el juicio ajeno se acompaña de la negligencia en la obra propia, el pecado se agrava.

Moral pública y prácticas privadas
Explica con fundamento científico el psiquiatra Luis Rojas Marcos: “La vieja noción de que las parejas desgraciadas deben continuar unidas por el bien de los hijos está dando paso al nuevo concepto de que los matrimonios profundamente infelices y sin esperanza de arreglo deben terminarse precisamente para poder salvar, entre otras cosas, el bienestar de los hijos. (…) Existe amplia evidencia que demuestra que un matrimonio plagado de conflictos daña a las criaturas y que bajo estas condiciones los pequeños se benefician de su disolución” (La pareja rota).

La inclusión del celibato como condición imprescindible para ser consagrado sacerdote no sólo va contra el dato histórico de que San Pedro tenía suegra, sino que no empezó a consolidarse hasta unos trescientos años después de Cristo. Pero un sacerdote célibe es más barato que uno con familia, aunque tenga el elevado coste de la esquizofrenia de una doble moral. “Si los sacerdotes estuvieran casados, es obvio que la Iglesia no heredaría sus posesiones, ya que sus bienes acabarían, lógicamente, en manos de su esposa e hijos” (La vida sexual del clero, Pepe Rodríguez).

Hubo un tiempo en que tan habitual era que los clérigos tuvieran concubinas que los obispos instauraron la renta de putas, que era una cantidad de dinero que los sacerdotes tenían que pagar cada vez que transgredían el celibato; en la España franquista eran de dominio público las relaciones que muchos sacerdotes mantenían con sus mayordomas, y son incontables los hijos naturales engendrados al calor del frufrú de las sotanas, incluso de las coronadas con mitras.

La Iglesia católica condena no sólo la práctica homosexual, sino también la mera inclinación. Pero, en la Elegía del rey David por Jonatán, se lee: “Angustiado estoy por ti, ¡oh Jonatán, hermano mío! Me eras carísimo. Y tu amor era para mí dulcísimo, más que el amor de las mujeres” (Libro Segundo de Samuel 1, 26). Y en diferentes estudios clínicos o sociológicos se citan índices de homosexualidad que oscilan entre el 30 y el 50% del clero católico (La vida sexual del clero).

El profesor e investigador Pepe Rodríguez, autor de varios ensayos críticos sobre el cristianismo, sostiene: “La hermenéutica bíblica actual garantiza absolutamente la tesis de que Jesús no instituyó (…) ningún modelo determinado de Iglesia (…) Según los Evangelios, Jesús sólo citó la palabra “iglesia” en dos ocasiones, y en ambas se refería a la comunidad de creyentes, jamás a una institución actual o futura. Pero la Iglesia católica se empeña en mantener la falacia de que Cristo fue el instaurador de su institución y de preceptos que no son sino necesidades jurídicas y económicas de una determinada estructura social (…)” (op.cit.).

Dios y el César
Si en algo es injusto el vigente modelo de financiación es en que, cuando en su declaración del IRPF, los fieles ponen la cruz en la casilla de su iglesia no están dando su óbolo de fe, sino desviando para sufragar una concreta creencia religiosa parte de los impuestos que deben pagar al Estado para el beneficio del conjunto.

Como recordó el arzobispo de Valencia, Agustín García-Gasco, “a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César”. La máxima choca frontalmente con la pretensión de politizar las relaciones de la Iglesia católica con el Estado.

“En todas tus acciones ten presente tu fin, y jamás cometerás pecado” (Eclesiástico 7,36).

> Berria: Eliza > EXAMEN DE CIUDADANIA A LA IGLESIA CATOLICA

  • Examen de Ciudadanía a la Iglesia Española
  • No aprueban en materia de igualdad y sorprenden —cuando no ofenden— en cuestiones relacionadas con nuevas familias
  • Público, 2008-01-05 # Miguel Angel Marful • Madrid

El pasado domingo, en el acto que celebraron los obispos en defensa de la “familia cristiana”, una de las voces situada más a la derecha del episcopado, el arzobispo de Valencia, Agustín García Gasco, se rasgó las vestiduras dolido por el futuro del sistema democrático en España.

“Nos dirigimos a la disolución de la democracia”, señaló el prelado entre los aplausos de su auditorio. El arzobispo de Valencia denunció que España camina hacia el “laicismo radical”, una de sus expresiones favoritas.

Vigilante frente a “la homosexualidad, el aborto y el divorcio exprés” para que la democracia no se desvíe, García Gasco colmó la paciencia de un Gobierno poco habituado a replicar a los obispos. “Todo el mundo tiene su sitio y derecho a tener derechos, piense como piense y profese una religión u otra”, respondió el presidente del Gobierno.

La Iglesia frente al espejo
A lo largo de los últimos años, los obispos se han pronunciado sobre todo lo divino y buena parte de lo humano.

Los documentos de la Conferencia Episcopal, y buena parte de las declaraciones de sus integrantes, deparan más de una sorpresa. Hay un juez inapelable que se estudia en los institutos, la asignatura Educación para la Ciudadanía. Empleada como un espejo, la imagen que devuelve de la jerarquía católica española refleja buena parte de sus contradicciones.

> Elkarrizketak: Francisco Vázquez > "ES UNA MARCHA ATRAS DE LA IGLESIA"

  • Francisco Vázquez • Embajador en el Vaticano
  • “Es una marcha atrás de la Iglesia”
  • El País, 2008-01-04 # Luis R. Aizpeolea • Madrid

Francisco Vázquez, embajador de España en el Vaticano, se encontraba pasando las fiestas de fin de año en su tierra natal, A Coruña, cuando los cardenales Antonio María Rouco Varela y Agustín García-Gasco dirigieron en la plaza de Colón de Madrid un ataque, inédito desde la Transición, de la jerarquía eclesiástica contra el Gobierno, al que llegó a acusar de “disolver la democracia”. Vázquez escuchó la intervención del Papa ese día y no le sorprendió. Pero comprendió el alcance del ataque cuando al día siguiente leyó en la prensa el contenido de los discursos de Rouco Varela y García-Gasco. A Francisco Vázquez, 61 años, un peso pesado de la política, alcalde socialista de A Coruña desde las primeras elecciones municipales democráticas, de 1979, hasta que hace tres años José Luis Rodríguez Zapatero le nombró embajador de España en la Santa Sede, el ataque le cogió por sorpresa. La información que disponía del Vaticano de la concentración del domingo era que su contenido reivindicativo no se saldría de los cauces normales. Para Vázquez, católico y socialista, que ha dedicado sus tres años en la Embajada en el Vaticano a mejorar las relaciones con la Santa Sede, lo sucedido es un jarro de agua fría. Habla de “marcha atrás”, pero no desespera. Atribuye el ataque a un sector de la jerarquía, pero exonera al Vaticano. Propone serenidad al Gobierno y reclama que sea la Iglesia la que reaccione frente a su sector más retrógrado.

Francisco Vázquez, que regresará en los próximos días a Roma, cree que el Gobierno no debe precipitarse tras la agresión del sector radical de la jerarquía. Él espera una reacción de la propia Iglesia, y que lo haga con gestos más que palabras.

Pregunta. ¿Cómo valora las declaraciones críticas con el Gobierno de algunos obispos y cardenales españoles en la concentración que organizó el domingo la jerarquía eclesiástica en la plaza de Colón de Madrid?

Respuesta. Fueron unas declaraciones muy injustas y desproporcionadas que han distorsionado la naturaleza de un acto de apoyo a la familia ante gente de buena fe. Algunos cardenales, sobre todo Antonio María Rouco Varela y Agustín García-Gasco, lo convirtieron en un mitin político.

P. ¿Qué le ha parecido la expresión del cardenal García-Gasco de que la legislación del Gobierno disuelve la democracia?

R. Me dolió mucho. No se corresponde con el tratamiento que la acción de este Gobierno ha dado a la Iglesia. Entiendo que pueda estar en desacuerdo con una parte de la legislación del Gobierno. Pero lo que no puede es poner en entredicho la naturaleza de un Gobierno democrático que ha buscado el diálogo con la Iglesia española. Es una marcha atrás de la Iglesia española que arrincona a quienes apostamos por el diálogo y refuerza a quienes están por el enfrentamiento.

P. ¿Le ha sorprendido esta ofensiva contra el Gobierno?

R. Me ha sorprendido. Yo creía que no había ningún problema. Hace unas semanas coincidí con el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en el aeropuerto de Roma, con motivo de la reunión de dirigentes europeos que se celebró en la capital italiana, y le informé de que el acto sería reivindicativo, pero dentro de los cauces normales. Es la información que yo tenía del Vaticano, de las intenciones del Papa. Por tanto, me quedé sorprendido cuando percibí aquel tono político beligerante. Tengo que decir que no es esa la postura de la Iglesia sino de sólo un sector.

P. ¿Ha hablado con el Vaticano?

R. Sí.

P. ¿Cómo ha acogido lo que sucedió en el acto de Madrid?

R. Con sorpresa y disgusto. Nuestras relaciones con el Vaticano son buenas.

P. Usted dice que hay varios sectores en la Iglesia. ¿Cuáles son esos sectores?

R. Sería un error hablar de una Iglesia única. La Iglesia es muy plural, incluso en su jerarquía. Hay dos líneas distintas. Por un lado, la del Papa Benedicto XVI y el Vaticano, la del presidente de la Conferencia Episcopal Española, Ricardo Blazquez, o la de los cardenales de Barcelona y Sevilla, que mantienen algunas críticas, pero dentro de los cauces. Los discursos de la mayoría de ellos, en la concentración de Madrid, fueron leídos porque no estuvieron presentes en ella, y se mantuvieron en la corrección. Por otro lado, está la línea que han marcado los cardenales de Madrid, de Valencia y algún seglar de confrontación política con el Gobierno.

P. ¿A qué atribuye la beligerancia política, exhibida el domingo, del sector de Rouco y García-Gasco?

R. La Iglesia española está en un proceso electoral. En marzo, los obispos y cardenales eligen al nuevo presidente de la Conferencia Episcopal Española y su nueva dirección. Ligado a esto hay un sector de la Iglesia, incapaz de convivir con un Gobierno de izquierda, lo mismo que existe en España una parte de la izquierda, anticlerical, incapaz de convivir con la Iglesia. Son extremos que se alimentan. El gran error ahora sería dar argumentos a este sector radical que quiere la confrontación. Por eso, apelo a la serenidad. Sería un error tirar por la borda el trabajo del Gobierno de toda una legislatura que empezó con problemas con la Iglesia y que luego se normalizó con los acuerdos sobre financiación y educación.

P. El PSOE está convencido de que hay una connivencia entre ese sector radical de la jerarquía eclesiástica y el PP. Y la celebración de un acto contra el Gobierno a casi dos meses de las elecciones es una expresión de esa connivencia ¿Qué piensa usted?

R. Estoy de acuerdo en que existe una connivencia entre un sector de la jerarquía eclesiástica y el PP en la búsqueda de objetivos electorales. Pero la izquierda no debe cometer el error de politizar las relaciones con la Iglesia. Hay sectores en la Iglesia que quieren colaborar con el Gobierno en cuestiones evangélicas, como el desarrollo de la Ley de Dependencia. Con esos sectores se ha dialogado sobre la asignatura Educación para la Ciudadanía y la Ley de Memoria Histórica, y se ha llegado a acuerdos.

P. ¿Qué papel atribuye a la cadena de radio de los obispos, la Cope, en la movilización antigubernamental del domingo y en la situación de tensión entre la Iglesia y el Gobierno?

R. Tiene mucho que ver. La Cope ha seguido una estrategia de confrontación con el Gobierno desde las elecciones generales de 2004.

P. ¿Qué le ha parecido la reacción del presidente del Gobierno y del PSOE, que han replicado a los ataques de los obispos que ha sido un sector de la jerarquía eclesiástica el que se ha apartado de la democracia?

R. El presidente Rodríguez Zapatero ha hecho lo correcto, reaccionar con energía. Ha hecho lo que tenía que hacer, dar un puñetazo sobre la mesa, y señalar que la jerarquía eclesiástica no puede seguir ese camino.

P. ¿Ha hablado con el presidente?

R. Sí. Está muy dolido y enfadado. Tiene la sensación de que han abusado de su buena fe al responder a su política de diálogo con la Iglesia con un ataque frontal en el que se atribuye a este Gobierno nada menos que una posición antidemocrática.

P. ¿Qué van a hacer ahora, más allá de las palabras?

R. Tenemos que mantener la serenidad y esperar a que la Iglesia dé el paso de recomponer esta situación. Hay muchos católicos que no comparten las posiciones que el sector radical de los obispos mantuvo el domingo. Incluso, en la misma jerarquía eclesiástica, como los obispos de Barcelona y Sevilla, discrepan de ese sector radical. Estos sectores moderados quieren colaborar con el Gobierno en los asuntos sociales. Creo que debe haber una reacción dentro de la propia Iglesia y debe ser más de gestos que de palabras.

P. ¿Qué gestos contempla?

R. Exigir el cambio de la línea editorial de la Cope. Es un problema de la Iglesia porque la línea editorial actual no representa a millones de católicos españoles.

P. ¿No cree que esta ofensiva episcopal puede ampliar la corriente de quienes apuestan por materializar una separación definitiva entre el Estado y la Iglesia en España?

R. No estoy de acuerdo con una separación absoluta entre Iglesia y Estado. La Iglesia en España juega un papel cultural, histórico y de vertebración social que tenemos que reconocer y respetar. La Iglesia es mucho más que los purpurados. Lo que más agradaría al PP es que tirásemos por la borda, al fin de una legislatura en la que ha habido mucho diálogo con la Iglesia, los consensos logrados en educación y en tantos temas. Así como la importante cooperación en materia social e internacional.